viernes, 9 de julio de 2021

1 MACABEOS. CAPÍTULO XV

 Antíoco y Simón

151Antioco, hijo del rey Demetrio, mandó una carta desde ultramar a Simón, sumo sacerdote y jefe de los judíos, y a toda la nación, 2redactada en los siguientes términos:

<<El rey Antíoco saluda a Simón, sumo sacerdote y jefe del Estado, y al pueblo judío.

3>>Considerando que unos canallas se han apoderado del reino de mis padres; queriendo yo hacer valer mis derechos al trono para restaurar el Imperio, y habiendo reclutado numerosas tropas y equipado barcos de guerra 4con intención de desembarcar en el país para vengarme de sus devastadores, que han asolado muchas ciudades de mi reino, 5te confirmo todas las exenciones de impuestos concedidas por los reyes predecesores míos y cualesquiera otras exenciones que te otorgaran. 6Te permito acuñar moneda propia, de curso legal, en tu país. 7Jerusalén y el templo serán ciudad franca. Puedes retener todo el armamento que has almacenado, así como las plazas fuertes que edificaste y tienes en tu poder. 8Todas tus deudas, presentes y futuras, pagaderas al tesoro real, te quedan perdonadas desde ahora para siempre. 9Y cuando hayamos restablecido nuestro reino os colmaremos de honores a ti, a tu nación y al santuario, de modo que vuestra fama será conocida de todo el mundo>>.

10El año ciento setenta y cuatro Antíoco marchó al país de sus padres; toda la tropa se pasó a él, de manera que quedaron pocos con Trifón.

11Antíoco lo persiguió. 12Trifón se refugió en Dor del Mar, dándose perfecta cuenta de su situación desesperada al abandonarlo sus soldados.

13Antíoco acampó frente a Dor con ciento veinte mil guerreros de a pie y ocho mil jinetes. 14Cercaron la ciudad. Los barcos se acercaron por mar, de modo que Antíoco bloqueó la ciudad por mar y tierra, sin dejar entrar ni salir a nadie. Mientras tanto, 15Numenio y su comitiva llegaron de Roma con una carta para los reyes de los diversos países, en la que se decía:

16<<Lucio, cónsul de Roma, saluda al rey Tolomeo.

17>>Enviados por el sumo sacerdote, Simón, y el pueblo judío, se nos ha presentado los embajadores judíos, nuestros amigos y aliados, 18trayéndonos un escudo de oro de seiscientos kilos.

10>>Nos es grato escribir a los reyes de los diversos países para que no intenten hacerles daño ni les ataquen a ellos, a sus ciudades y su país, ni se alíen con sus enemigos.

20>>Hemos decidido aceptarles ese escudo.

21>>Si tenéis refugiados en vuestro país algunos judíos traidores entregadlos al sumo sacerdote, Simón, para que los castigue conforme a su Ley>>. 22Escribió una carta igual al rey Demetrio, a Atalo, Ariarates y Arsaces, 23y a todos los países: Sansame, Esparta, Delos, Mindo, Sición, Caria, Samos, Panfilia, Licia, Halicarnaso, Rodas, Fasélida, Cos, Side, Arvad*, Górtina, Cnidos, Chipre y Cirene.

24Al sumo sacerdote, Simón, le enviaron una copia.

25Mientras tanto, el rey Antíoco atacaba de nuevo a Dor, lanzando contra ella incesantemente sus batallones y levantando máquinas de guerra. Tenía cercado a Trifón, sin dejarle salir ni entrar.

26Simón le envió dos mil soldados para luchar como aliados, y además plata, oro y material suficiente. 27Pero Antíoco no sólo no quiso recibirlos, sino que revocó las concesiones hechas a Simón, rompiendo con él. 28Le envió uno de sus amigos, Atenobio, como parlamentario, con este mensaje:

<<Tenéis en vuestro poder Jafa, Guézer y la acrópolis de Jerusalén, ciudades del Imperio. 29Habéis asolado sus territorios, habéis causado graves daños al país y os habéis apoderado de muchas poblaciones de mi Imperio. 30Así que entregadme las ciudades que habéis ocupado y los tributos de las poblaciones que habéis sometido fuera de los límites de Judá. 31O si no, dadme en cambio nueve mil kilos de plata, y otros tantos como indemnización por daños y perjuicios y por los impuestos de las ciudades. En caso contrario, me presentaré ahí para atacarte>>.

32Atenobio, amigo del rey, llegó a Jerusalén y se quedó asombrado ante el esplendor de Simón, sus aparadores repletos de vajilla de oro y plata, y todo el fasto que lo rodeaba. Entregó a Simón el mensaje del rey, 33y Simón respondió:

-Ni hemos ocupado tierra extranjera ni nos hemos apoderado de bienes ajenos, sino de la heredad de nuestros antepasados, que ha estado algún tiempo en poder enemigo injustamente. 34Aprovechando la ocasión hemos recuperado la heredad de nuestros antepasados. 35En cuanto a Jafa y Guézer, que tú reclamas, eran un fuente de malestar para nuestro pueblo y nuestro país. Te daremos por ellas tres mil kilos (de plata).

36Atenobio no respondió. Enfurecido, se volvió a donde el rey y le transmitió la respuesta; le habló de la fastuosidad de Simón y de todo lo que había visto. El rey se puso furioso.

37Por su parte, Trifón pudo huir por mar a Ortosia.

38El rey nombró a Cendebeo jefe supremo del litoral, y le asignó soldados de infantería y caballería. 39Le mandó acampar frente a Judá, reconstruir Cedrón, reforzar sus puertas y utilizar al pueblo mientras el rey perseguía a Trifón.

40Cendebeo se presentó en Yamnia y empezó a provocar al pueblo, a invadir Judá, a hacer presiones y a matar gente. 41Reconstruyó Cedrón y acantonó allí jinetes e infantería, para que hicieran incursiones y marchas por las rutas de Judá, como se lo había ordenado el rey.

Explicación.

15,1-9 Con esta carta afirma Antíoco su soberanía sobre Simón, haciendo depender de su gracia y favor una serie de prerrogativas. Por su parte, dada la inflación de promesas y lo agitado de la situación política, no se compromete mucho, su decreto no es irrevocable. La concesión de acuñar moneda es la novedad más importante, pue sanciona una notable independencia económica.

Desde el puto de vista del autor, la carta honra a Simón y a su pueblo: el rey tiene que reconocer a su manera los poderes de los judíos, tiene que mendigar su ayuda o al menos asegurarse su neutralidad; y sea como fuere la causa del progreso de la independencia, bastará con no dejarse arrancar lo ya concedido.

Se trata de Antíoco VII Sidetas, hijo de Demetrio I, hermano de Demetrio II. Mientras este último está retenido en cautividad, Antíoco le sustrae la mujer, Cleopatra Thea.

15,5 Véase 10,28 y 13,37.

15,10 Antíoco tiene que rehacer el itinerario de su padre: 10,67. Trifón pierde sus mercenarios como os había ganado, la lealtad no impera entre ellos: 11,55.

15,15-24 La carta de los romanos interrumpe la narración del cerco de Trifón. Por una parte, este respaldo de los romanos contrasta con las luchas en que se enredan los Seléucidas; por otra, la fidelidad de dichos aliados condena con su proximidad la deslealtad de Antíoco. las cláusulas son sustanciosas: sin intervenir directamente, con el peso de su poderío, los romanos levantan un cerco protector en torno a los judíos; y, con el derecho de reclamar la extradición, Simón puede prevenir ataques del partido enemigo exiliado. Por eso se dice "para que los castigue conforme a su Ley": los apóstatas son los infieles a la Ley. Simón adquiere poder sobre ellos aun fuera de su jurisdicción estricta; no sabemos si tales poderes se ejercieron de hecho.

La lista de reyes y reinos hace pensar en una diáspora notable. Si fueron los embajadores quienes sacaron a los romanos la concesión y la lista de destinatarios, el hecho indicaría la preocupación de Simón por destruir el partido colaboracionista: el Acra es el corazón; el Mediterráneo oriental es la periferia como amenaza potencial (véase 2 Mac 7,10).

15,22 Demetrio representa el reino Seléucida; Atalo es el rey de Pérgamo; Ariarates, de Capadocia; Arsaces, del reino Parto.

15,23 Ciudades de Asia Menor, del Peloponeso, de las islas. * = Arados.

15,25-28 ¿A qué se debe el cambio de Antíoco? Parece sentirse ya vencedor de Trifón y seguro de reivindicar sus derechos. En tal momento no quiere aceptar favores que lo vinculen a Simón. Si en un momento afirmaba su soberanía otorgando favores y concesiones, ahora corrobora su dominio revocándolas. No sólo eso, sino que pasa al ataque.

15,28-31 Antíoco no quiere regalos, reclama derechos. De golpe pretende deshacer la expansión judía y volver a implantar la polis griega en Jerusalén, apoyada en la acrópolis.

15,32 Antíoco se ha desmedido no comprendiendo la posición real de Simón. Es lo que descubre el embajador. En otros tiempos se podía tratar así a un Macabeo, ahora ha comenzado una nueva era.

15,33-35 Si el Seléucida invoca derechos de herencia, remontándose implícitamente a Antíoco Epífanes, Simón puede remontarse muchos siglos: su reino empalma con el davídico. Con todo, por no extremar la tensión, y teniendo en cuenta que Jafa había sido territorio filisteo, accede a una compensación pecuniaria ya se la había ofrecido, en cierta manera, al enviarle tropas auxiliares equipadas y pagadas, y la economía del reino judío puede permitirse ese gesto razonable.

15,38 Se retiran a segundo plano los protagonistas y entran en escena dos personajes: un general Seléucida y el hijo del Macabeo. El primero desaparecerá sin dejar rastro, el segundo asegurará la continuidad. Para Juan, hijo del Macabeo, será la primera prueba militar.

La mención de Modín (16,4) nos traslada al comienzo de la sublevación: han cambiado las condiciones de la guerra. Ahora el Seléucida se contenta con incursiones de represalia, mientras que el Macabeo lo puede obligar a una confrontación directa. Por primera vez el ejército judío puede contar con soldados a caballo.

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