viernes, 9 de julio de 2021

1 MACABEOS. CAPÍTULO IX

 Muerte de Judas

91Pero Demetrio, en cuanto oyó que Nicanor y su ejército habían sucumbido en el combate, volvió a enviar a Báquides y Alcimo al territorio de Judá con el ala derecha el ejército. 2Emprendieron la marcha por el camino de Guilgal, tomaron al asalto Mesalot de Arbela y asesinaron a mucha gente. 3El mes primero del año ciento cincuenta y dos acamparon frente a Jerusalén, 4pero luego partieron de allí, camino de Berea, con veinte mil de infantería y dos mil jinetes.

5Judas acampaba en Elasa con tres mil soldados, 6y al ver la enorme muchedumbre del enemigo se aterrorizaron; muchos desertaron del campamento, y sólo quedaron ochocientos. 7Judas vio que su ejército se deshacía precisamente cuando era inminente la batalla, y se descorazonó, porque ya no era posible reunirlos. 8Aunque desalentado, dijo a los que quedaban:

-¡Hala, contra el enemigo! A lo mejor podemos presentarles batalla.

9Los suyos intentaban convencerle:

-Es completamente imposible. Pero si salvamos ahora la vida, volveremos con los nuestros, y entonces les daremos la batalla. Ahora somos pocos.

10Judas repuso:

-¡Nada de huir ante el enemigo! Si nos ha llegado la hora, muramos valientemente por nuestros compatriotas, sin dejar una mancha en nuestra fama.

11El ejército enemigo salió del campamento y formó frente a ellos, con la caballería dividida en dos cuerpos, y los honderos y arqueros delante del ejército, los más aguerridos en primera fila. Báquides iba en el ala derecha. 12La falange avanzó por ambos lados, a toque de corneta. 13Los de Judas también tocaron las cornetas, y el suelo retembló por el fragor de los ejércitos. El combate se entabló al amanecer y duró hasta la tarde.

14Judas vio que Báquides y lo más fuerte del ejército estaba a la derecha; se le juntaron los más animosos, 15destrozaron el ala derecha y la persiguieron hastas los montes de Asdod. 16Pero cuando los del ala izquierda vieron que el ala derecha estaba destrozada se volvieron en persecución de Judas y sus compañeros. 17El combate arreció, y hubo muchas bajas por ambas partes. 18Judas cayó también, y los demás huyeron.

19Jonatán y Simón recogieron el cadáver de su hermano Judas y lo enterraron en la sepultura familiar, en Modín. 20Lo lloraron, y todo Israel le hizo solemnes funerales, entonando muchos días esta elegía:

21<<¡Cómo cayó el valiente,

salvador de Israel!>>

22No hemos escrito otros datos de la historia de Judas, sus hazañas militares y sus títulos de gloria, porque fueron muchísimos.

Jonatán y Báquides

23Después que murió Judas, por todo el territorio israelita asomaron de nuevo los apóstatas y reaparecieron todos los malhechores. 24El país se pasó a su bando, pues por entonces hubo un hambre terrible. 25Báquides eligió a unos impíos y los puso al frente del gobierno de la zona. 26Daban batidas siguiendo el rastro de los del partido de Judas, y se los llevaban a Báquides, que los castigaba escarneciéndolos.

27Israel cayó en una tribulación tan grande como no la había habido desde que cesaron los profetas.

28 Todos los partidarios de Judas se reunieron y dijeron a Jonatán:

29-Desde que murió tu hermano Judas no hay un valiente como él que guíe la lucha contra el enemigo, ese Báquides y los que odian a nuestro pueblo. 30Por eso te elegimos hoy a ti para que sustituyas como jefe y caudillo que dirija nuestra guerra.

31En aquel mismo instante tomó el mando Jonatán, sucediendo a su hermano Judas. 32Báquides se enteró y quería matarlo; 33pero en cuanto lo supieron Jonatán, su hermano Simón y todos sus camaradas, huyeron al páramo de Tecua y acamparon junto a la cisterna de Asfar.

34Báquides lo supo un sábado, y fue él en persona con todo su ejército a la otra orilla del Jordán.

35Jonatán envió a su hermano al frente de la comitiva, a pedir a sus amigos los nabateos que les cuidaran todo el bagaje, que era mucho. 36Pero los hijos de Jambrí, de Madabá, salieron y capturaron a Juan con todo lo que tenía, y se marcharon llevándoselo todo.

37Más tarde comunicaron a Jonatán y su hermano Simón:

-Los hijos de Jambrí celebran una boda de postín; a la novia, hija de uno de los ricos de Canaán, la llevan desde Madabá en un gran cortejo.

38Recordando el asesinato de su hermano Juan, subieron a ocultarse al reparo del monte. 39Levantaron la vista y vieron, en medio de una gran algazara y una caravana de regalos, al novio, que avanzaba hacia el cortejo de la novia con sus amigos y parientes, al son de la música, de tamboriles y otros instrumentos. 40Los de Jonatán salieron de la emboscada y se lanzaron contra ellos para matarlos. Hirieron a muchos, y los supervivientes escaparon al monte. Les quitaron todo el botín, 41y la boda se cambió en luto, y el canto de los músicos en elegía. 42Así vengaron la muerte de su hermano. Luego se volvieron a las marismas del Jordán.

4Cuando Báquides lo supo se fue un sábado hasta las riberas del Jordán con un gran ejército. 44Jonatán dijo a los suyos:

-¡En pie! Luchemos por la vida, que hoy no es como antes. 45Mirad, estamos entre dos frentes, y a los lados tenemos el Jordán con la marisma y su maleza; no hay donde batirse en retirada. 46Así que gritad al cielo para que nos salve de nuestros enemigos. 47Se trabó el combate. Jonatán alargó el brazo para herir a Báquides, pero éste lo esquivó echándose atrás. 48Jonatán y os suyos se echaron al río y lo atravesaron a nado hasta la otra orilla; el enemigo no pasó el Jordán en su persecución. 49Báquides tuvo aquel día unas mil bajas; 50luego se volvió a Jerusalén y edificó fortalezas en Judá, las plazas fuertes de Jericó, Emaús, Bejorón y Betel, Timná, Piratón y Tefón, con murallas altas, puertas y cerrojos. 51En todas ellas acuarteló guarniciones para hostilizar a Israel.

52Fortificó también la ciudad de Betsur, Guézer y la acrópolis, y dejó en ellas tropas y depósitos de víveres. 52Tomó como rehenes a los hijos de las autoridades de la zona y los encarceló en la acrópolis de Jerusalén.

54 El año ciento cincuenta y tres, el segundo mes, Alcimo ordenó derribar el muro del atrio interior del templo, destruyendo la obra de los profetas*. 55Empezó el derribo, pero precisamente entonces Alcimo sufrió una enfermedad que detuvo sus planes; la parálisis le cerró la boca de forma que no podía hablar ni hacer testamento. 56Y así murió entonces, entre enormes dolores.

57Cuando Báquides vio que había muerto Alcimo, regresó adonde el rey. Judá quedó en paz durante dos años.

58todos los apóstatas deliberaron:

-Ahí tenéis a Jonatán y los suyos, tranquilos y confiados. Pues bien, traeremos a Báquides para que se apodere de todos ellos en una noche.

59Fueron a verlo y parlamentaron con él.

60Báquides se puso en marcha con un gran ejército. Envió instrucciones secretas a todos sus aliados para que apresaran a Jonatán y sus compañeros; pero no lo consiguieron, porque se descubrió su plan. 61Jonatán y los suyos apresaron a unos cincuenta hombres de la región, de los principales conspiradores, y los mataron. 62Jonatán y Simón se retiraron con su gente a Betbasí del Páramo, reconstruyeron lo que estaba en ruinas y la fortificaron. 63En cuanto se enteró Báquides, reunió todas sus tropas y avisó a los de Judá; 64llegó a Betbasí, la cercó y la atacó durante muchos días, emplazando máquinas de asalto.

65Jonatán dejó a su hermano Simón en la ciudad, salió hacia el campo y se puso en marcha con unos cuantos. 66Derrotó a Odomera y sus parientes, y a los hijos de Farisón en su campamento. Luego empezaron a repartir golpes, avanzando por entre el ejército. 67Entonces Simón y los suyos hicieron una salida e incendiaron las máquinas de asalto. 68Lucharon contra Báquides y lo derrotaron; quedó profundamente humillado, porque su plan y su campaña habían sido inútiles. 69Entonces se encolerizó contra los apóstatas que le habían aconsejado la expedición, mató a muchos y decidió volverse a su tierra.

70Al enterarse Jonatán, le envió embajadores para tratar con él la paz y la devolución de los prisioneros. 71Báquides los recibió, accedió a su petición y juró a Jonatán no hacerle más daño en toda su vida. 72Le devolvió los prisioneros que había hecho en Judá, y regresó a su tierra, sin volver a hacer incursiones en territorio judío.

73La espada descansó en Israel. Jonatán vivió en Micmás; empezó a gobernar al pueblo, y barrió a los impíos del territorio israelita.

Explicación.

9 El capítulo empalma directamente con el cap. 7, saltándose el pacto con Roma. La derrota y afrenta de Nicanor provocan una tercera expedición contra los judíos rebeldes; una expedición que termina con la muerte de Judas y el debilitamiento de su causa.

9,1-22 El autor quiere rodear esta muerte de todos los honores y de las necesarias excusas. Está la enorme desproporción numérica; pero no mayor que en ocasiones precedentes, cuando el Señor dio la victoria a los débiles. Lucha con valor hasta el final, infligiendo fuertes bajas al enemigo. La arenga final es un grito de valor desesperado, que arrastra a los suyos.

En buena lógica militar, sus soldados llevaban la razón: había que retirarse sin pérdidas, rehacerse y esperar la ocasión oportuna. No sería la primera vez que Judas rehuía la batalla abierta; ¿o es que el jefe se ha embriagado de victorias?

Esa lógica militar fallaba en aquel momento: ¿por qué? Dos datos parecen explicarlo: la deserción de muchos, el desaliento consiguiente del jefe. La deserción pudo precipitarse a la vista del numeroso enemigo; pero probablemente ya fermentaba entre muchos a raíz del nuevo régimen de tolerancia religiosa: ¿por qué luchaban y exponían la vida?, ¿no habían conseguido ya su objetivo?, ¿no ofrecía Alcimo una alternativa preferible? Una vez que se admite la duda, permanece dentro en incubación silenciosa. Judas no logra disipar esas dudas, ya no convence como antes.

El mismo jefe siente desánimo ante las deserciones y eso lo hace dudar de sí mismo: ¿está seguro de poder llevar adelante la causa?, ¿podrá seguir convenciendo a los suyos hasta llegar a vencer? Si se arriesga ahora, puede tener fortuna una vez más. Y si muere, legará una memoria, un ejemplo, una inspiración a la causa. Un mártir por la causa puede ser el gran modo de convencer en estos momentos.

Así lo ha visto el autor (con menos análisis). La batalla, vista con ojos enemigos, consiste en un replegarse tácticamente por un lado, a costa de algunas bajas, atraer al contrario lejos de su campamento y envolverlo por el otro lado con la caballería. Una trampa en la que no debería caer un capitán experto. Vista por el narrador, se parece a una victoria espectacular sobre un ala del ejército (el ala que se repliega), ochocientos contra diez mil, seguida de una lucha encarnizada contra la otra ala, hasta la derrota.

9,2 Quizá se deba leer Galilea. Allí, cerca del lago de Genesaret, había grupos rebeldes refugiados en una zona de cavernas escalonadas en las rocas. Demetrio comienza liquidando esos focos dispersos de resistencia. 

9,4 Berea se encuentra a 16 kilómetros al norte de Jerusalén.

9,7 "Se descorazonó": es la fórmula de Sal 34,18, donde se afirma que Dios está cerca (también Is 57,15).

9,10 El motivo de la fama se invoca también en 2,51; 3,3.

9,12-13 El autor confiere solemnidad clásica a esta batalla, con conmoción de la tierra, para glorificar al caído (véanse, en contexto de teofanía, Miq 1,4; Nah 1,5; Hab 3,6).

9,18 La concisión es aquí el recurso estilístico del autor.

9,19-21 No se nos dice cómo los hermanos se hicieron con el cadáver: ¿por concesión de Báquides? El general sirio pudo considerar el asunto liquidado y evitó ensañarse con los pocos rebeldes restantes. Si el cadáver lo hubieran rescatado en un acto de valentía temeraria (como los de Yabés el cadáver de Saúl, 1 Sm 31,11-13), el autor nos lo habría contado. Otra vez, como a la muerte de Matatías (2,70), es "todo Israel" quien llora a Judas (los del partido filohenista no pertenecen a Israel). El dístico o estribillo se inspira en la elegía de David por Saúl y Jonatán (2 Sm 1,19.27); el título de "salvador" les corresponde a varios Jueces.

9,22 Judas es el gran héroe de la resistencia. Su nombre es cifra del pueblo judío, y sus hazañas, el verdadero cimiento de la independencia. Su muerte reavivó el espíritu de lucha, gracias al cual se realizó el nuevo reino judío.

9,23-73 En el espacio de 51 versículos el autor comprime un proceso importante: la primera parte de un nuevo ciclo. Están muy claros el comienzo y el final y bastante confuso el camino intermedio. Comienzo y final se modelan según el esquema clásico del libro de los Jueces: comienza el esquema en un momento de depresión nacional y termina el esquema en un tiempo de paz y prosperidad. Al principio domina la derrota militar, el hambre, el triunfo de los filohelenistas; al final se ha acreditado un jefe, vencedor de los apóstatas. El esquema se modifica en otros puntos: no se habla de un pecado, aunque la apostasía y el poder de Alcimo pueden ser a la vez pecado y castigo; el jefe surge por nombramiento popular, no por irrupción carismática del espíritu. Más aún, actúan motivos familiares apoyando la sucesión, cosa que evita cuidadosamente el modelo de los Jueces. Así se sintetizan esquema teológico y realidad histórica.

En medio nos sirven unos cuantos episodios, que ni justifican ni explican el cambio de situación. El episodio de los nabateos está bien contado, pero se reduce a una venganza brutal sin consecuencias. La escaramuza junto al Jordán termina con la huida de los Leales. La muerte de Alcimo, aunque sea juicio de Dios, ha clausurado una etapa de fortificaciones y derribos. El episodio de Betbasí desemboca inesperadamente en un cambio psicológico de Báquides.

9,23-27 La pintura está simplificada y exagerada en función de la composición. En realidad, el partido filohelenista había continuado su actividad, poseía la acrópolis, contaba con el sumo sacerdote, con buena parte del pueblo, con desertores de Judas. Se puede admitir que la muerte del caudillo fortaleciera la política de sumisión pacífica, buenas relaciones culturales y libertad religiosa. Sólo que las represalias internas del partido filohelenista reavivaron el ideal de independencia total en los que seguían fieles a la memoria de Judas.

El autor no habla de ejecuciones, sino de humillaciones públicas (véase, por ejemplo, Jue 16,25.27, Sansón burlado): como si la táctica fuera desacreditar a los partidarios de la rebelión, demostrando quizá su debilidad y lo absurdo de sus pretensiones. La afrenta es uno de los temas tradicionales de la persecución (2 Mac 7).

9,23 En este verso resuena Sal 92,8, que es un salmo de esperanza y acción de gracias.

9,25 "Impíos": del partido filohelénico.

9,28-33 El momento es parecido al comienzo de la revuelta. Un jefe formaliza la rebelión, su apellido proclama la continuidad. El nombramiento es una provocación al poder imperial y al gobierno legítimo impuesto por los griegos. Otra vez Báquides tiene que actuar militarmente, pues no basta el método precedente de represalias. Y el menor de los hermanos, con sus soldados, familias y posesiones, se echa al desierto. A una zona modelada para el escondite y la huida rápida, cerca del Mar Muerto y el Jordán, en torno a una cisterna que asegura el bien más difícil, el agua. La situación, comparada con las campañas victoriosas de Judas al oeste y al este del Jordán, significa un retroceso grave de la causa y a la vez una tenacidad heroica de los continuadores.

9,30 Como a Jefté, Jue 11,6-8.

9,34-42 La impedimenta de los fugitivos resulta gravosa y peligrosa, especialmente si incluía familias y ganado. En vez de renunciar a esas posesiones, Jonatán decide enviarlas a Transjordania, dejándoselas en custodia a los nabateos. Estos beduinos habían informado a Judas, cuando su campaña en Transjordania (5,25), y no ganaban nada con el dominio seléucida; podían considerarse amigos. Un grupo de ellos, el clan de Jambrí obró con perfidia, cobrando un botín fácil e indefenso.

La venganza miraba sobre todo a la muerte de Juan, uno de los hermanos, y quizá de otras personas inocentes. El modo brutal de realizarla, matando a inocentes, parece indicar la debilidad del grupo de Jonatán y también la dificultad de encontrar un blanco compacto en aquellos caravaneros. No sabemos si tal acción contribuyó a la fama de Jonatán.

9,41 El dístico parece imitación de Am 8,10.

9,43-48 Jonatán se encontraba todavía al oriente del Jordán y se refugió en la maleza espesa, junto a la margen cenagosa de la corriente. El agua y la maleza eran un escondite y una defensa; pero se convirtieron en grave amenaza cuando el enemigo los sorprendió allí. Lo cual supone un buen servicio de espionaje y rapidez de acción de parte del general. Cogidos en la trampa, sólo una maniobra rápida y audaz podía salvarlos: Jonatán en persona se lanzó inesperadamente contra el jefe enemigo, el cual tuvo que ceder un poco, y los judíos aprovecharon el momento para ganar a nado la otra orilla. Así nos presenta el narrador los sucesos, mostrándonos la presencia de ánimo y el valor del nuevo jefe. Pero para una escaramuza que es más bien una huida, mil bajas enemigas resultan sospechosas; ¿intervino realmente el jefe supremo en la operación? En el caso semejante de David, Saúl en persona dirigía la persecución; pero eran otros tiempos y otras dimensiones.

Lo que si es cierto es que el recurso de atacar en sábado ya no funcionaba a aquellas alturas.

9,49-56 Báquides empleó una nueva táctica: en vez de perseguir a los guerrilleros en su elemento, les cerró todo acceso a la zona urbana, fortificando y guarneciendo una cadena de lugares estratégicos, entre ellos la acrópolis de Jerusalén. Buena parte de la población aprobaba tales medidas.

Por el norte formaban un semicírculo (de izquierda a derecha) Emaús, Bejorón, Betel y Jericó; en el camino sur-norte hacia Samaría se escalonaban Timná, Tefón y Piratón; Betsur protegía la frontera sur, con los idumeos, mientras que Guézer controlaba la Sefela, colindante con el litoral. Esto era adelantarse a los rebeldes, en caso que éstos prosperasen. Los rehenes servían para disuadir a los gobernantes judíos de cualquier veleidad política.

Simultáneamente, el sumo sacerdote hacía obras de reforma en el templo: mandó derribar el muro interno que separaba el atrio exterior, accesible a los paganos, del atrio interior, reservado a los judíos. No sabemos las razones de Alcimo: quizá para crear un espacio libre y unificado, quizá para atraer a paganos simpatizantes. Sí sabemos la interpretación del autor: era deshacer la obra de Ageo y Zacarías y atentar contra la misión profética de defender el muro en torno al pueblo (Ez 13,5); era una profanación en contraste con la purificación realizada por Judas. Por esta acción sacrílega, Dios lo castiga con parálisis progresiva hasta la muerte (recuérdese la concepción del Cronista, por ejemplo, 2 Cr 26).

9,54 * = Ageo y Zacarías.

9,57 El laconismo de la información nos deja en la ignorancia: ¿por qué se volvió Báquides a Antioquía?. ¿lo exigían asuntos de la corona o del Imperio?, ¿estaba cansado de las rivalidades internas de los judíos? Es curioso que al marchar no nombrase un sumo sacerdote adicto a los griegos; en cambio, dejaba detrás una cadena de plazas fortificadas. Y es aún más extraño que su ausencia inaugurase una etapa de paz. Podemos conjeturar que el partido filohelénico, aunque había perdido su jefe, no se sentía gravemente amenazado, y que, por su parte, Jonatán consideró más prudente esperar y ganar tiempo. Es interesante esta etapa en que los dos rivales se observan, sin que ninguno tome la iniciativa, pensando los dos que el tiempo trabaja a su favor. Jonatán se retiró quizá a Modín, su patria: "confiado", pero con un servicio eficaz de espionaje; indudablemente contaba con simpatizantes diseminados por el país.

9,58 El autor hace culpables del primer movimiento hostil a los del partido rival, "todos los apóstatas". Otra vez Báquides, quizá no muy a gusto, tuvo que intervenir. Lo han convencido pintándole la empresa como fácil y segura, lo han sacado de la corte, lo han metido otra vez en las rivalidades judías. ¡Y lo primero que le sirven es un fracaso!

9,61 El asesinato de cincuenta "conspiradores" era una provocación como la que un día realizó Matatías, haciendo estallar la revuelta. Era la rotura de hostilidades, y Báquides se encontró más metido en el asunto sin poder esquivarlo. 1 Mac 2,24.

9,62 El nuevo refugio de Jonatán indica un cambio de táctica. No es desierto, apto para los movimientos rápidos, para eludir la persecución, para los grupos pequeños. Ahora se construyen una fortaleza en unas ruinas abandonadas. La localidad se encuentra a media distancia entre Belén y el Mar Muerto, estratégicamente encaramada, abastecida de agua de cisternas. Desde allí podían hacer incursiones peligrosas y podían recogerse sin exponerse cruzando el Jordán. Allí había que buscar a los rebeldes para descastarlos.

9,63 "Los de Judá" son sus aliados del partido filohelénico, los que lo habían llamado para un asunto fácil. Es posible que le volvieran a pintar muy sencilla la empresa de conquistar la fortaleza improvisada de Betbasí. Báquides se internó por terreno accidentado, poco favorable a un ejército regular; al llegar vio que la fortaleza exigía un asedio en regla.

9,65-68 Jonatán hizo una salida burlando el sitio, atacó a unos beduinos que podían auxiliar o avituallar a los de Báquides y se lanzó por la espalda contra los sitiadores. Atrapado entre dos frentes, el ejército de Báquides fue derrotado.

9,69 Aquí sucede el inesperado cambio de partido: el general vencido descarga su malhumor contra los consejeros que lo habían llevado al fracaso; puesto a tratar con judíos, le resultaba más fácil tratar con Jonatán. Y Jonatán aprovechó el momento psicológico para parlamentar hábilmente. El autor nos ha dado en este desenlace un proceso psicológico: humillación por la derrota, irritación contra los consejeros, venganza contra ellos, intervención conciliante de Jonatán, firma de un acuerdo de no agresión.

9,73 Al final el autor finge una era de paz bajo el gobierno de Jonatán. Pero Jonatán había firmado simplemente un pacto de no agresión, había prometido estarse quieto. Además reside en Micmás, un lugar vecino a Betel, con recuerdos del comienzo de la monarquía; si es el que gobierna, ¿por qué no reside en Jerusalén? También es dudoso que, comenzando a eliminar o desterrar rivales, cumpliera la promesa y asegurase su lento ascenso. El autor recurre aquí a fórmulas del esquema, y la eliminación de los "impíos" es como la antigua excomunión o proscripción de los malvados. Jonatán dio en su carrera muestras de habilidad diplomática: nos podemos imaginar los cinco años de paz como una esperanza paciente, ganándose adeptos y simpatizantes, hasta que la política externa le acercase el momento oportuno. Siendo de linaje sacerdotal, debió de aprovechar también la falta de un sumo sacerdote.

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