viernes, 9 de julio de 2021

1 MACABEOS. CAPÍTULO XVI

 Primer éxito de Juan

161Juan subió de Guézer y comunicó a su padre SImón, lo que hacía Cendebeo. 2Simón llamó a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo:

-Mis hermanos y yo, y toda mi familia, combatimos a los enemigos de Israel, desde jóvenes hasta hoy, y muchas veces conseguimos liberar a Israel con nuestro esfuerzo. 3Yo ya soy viejo, pero vosotros estáis en buena edad, gracias a Dios. Sustituidme a mí y a mi hermano. Salid a luchar por nuestra patria. Que la ayuda del cielo os acompañe.

4Seleccionó veinte mil guerreros y jinetes del país, y marcharon contra Cendebeo. 5Pernoctaron en Modín, y de madrugada caminaron hacia la llanura; se toparon con un ejército numeroso, de infantería y caballería, separado de ellos por un río.

6Juan y sus tropas formaron frente a ellos; al ver que la tropa no se atrevía a pasar el río, Juan lo pasó el primero. Al verlo sus soldados, pasaron tras él. 7Luego dividió a la tropa, colocando en medio a los jinetes, porque la caballería enemiga era muy numerosa. 8Sonaron las cornetas, y Cendebeo y su ejército fueron derrotados: cayeron muchos heridos, y los demás huyeron a la plaza fuerte. 9Entonces fue herido Judas, el hermano de Juan. Juan los persiguió hasta llegar a Cedrón, reconstruida por Cendebeo. 10Huyeron a las torres de la campiña de Asdod. Juan incendió la ciudad, causando dos mil bajas al enemigo. Después regresó a Judá.

Muerte de Simón

11Tolomeo de Abubo había sido nombrado gobernador de la llanura de Jericó. 12Tenía mucha plata y oro, por ser yerno del sumo sacerdote, 13pero, lleno de soberbia, quiso apoderarse del país, y conspiró para eliminar a Simón y sus hijos. 14Simón estaba inspeccionando las poblaciones del país, ocupado en sus problemas administrativos. Bajó a Jericó con sus hijos Matatías y Judas, el año ciento setenta y siete, el mes de enero, o sea, el mes Sebat. 15El hijo de Abubo los recibió pérfidamente en el fortín llamado Doc, construido por él; les ofreció un banquete y apostó allí unos cuantos hombres. 16Cuando Simón y sus hijos estaban bebidos, Tolomeo surgió con su gente, y arma en mano, se precipitaron sobre Simón en la sala del banquete, y lo mataron con sus dos hijos y algunos de su séquito.

17¡Fue una gran perfidia devolver mal por bien!

18Tolomeo consignó por escrito lo sucedido y envió el informe al rey, pidiéndole tropas de socorro y el mando sobre la provincia y las poblaciones. 19Despachó a Guézer otros emisarios para eliminar a Juan; envió cartas a la oficialidad para que se entrevistaron con él, que les daría plata, oro y regalos. 20A otro grupo lo mandó a Jerusalén, para apoderarse de la ciudad y del monte del templo. 21Pero hubo uno que corrió a Guézer y avisó a Juan de la muerte de su padre y hermanos, y que Tolomeo había mandado gente para matarle también a él. 22Juan quedó consternado ante la noticia. Luego apresó a los que venían a asesinarlo y los ejecutó, sabiendo que llegaban para matarlo.

23Para otros datos sobre Juan y las hazañas militares que realizó, las murallas que construyó y sus empresas, 24véanse los anales de su pontificado, a partir de la fecha de su consagración como sumo sacerdote, sucesor de su padre.

Explicación.

16,2-3 Nos parece escuchar ecos del testamento de Matatías (2,64ss). Ello significa que pasamos a la tercera generación. El lenguaje está lleno de resonancias del libro (por ejemplo, 2,60.66; 3,2; 9,30; 13,3; 14,26.36). De las victorias precedentes ellos han sido instrumentos y lo mismo sucederá en adelante.

16,4 Simón se encarga aún de la leva; Juan se encarga de la expedición.

16,6 El paso de un río o torrente, como en otras ocasiones históricas, tiene un carácter simbólico. Juan se adelanta osadamente; su ejemplo arrastra a los soldados: es un jefe auténtico. El recuerdo de Josué que ha de cruzar el río para combatir, como heredero de Moisés, se impone a la memoria del lector israelita; aunque la empresa concreta sea bien diversa. Hasta parece que un toque de trompeta baste para derrocar la resistencia enemiga.

16,10 Juan vuelve como pacificador dejando segura la frontera occidental. El autor se contenta aquí con la noticia escueta, ahorrándose descripciones de festejos y celebraciones. Le basta con haber acreditado militarmente al sucesor.

16,11-17 Queda la frontera oriental. Ese Tolomeo, yerno de Simón, era quizá un idumeo emparentado por razones políticas con el Macabeo. Por parentesco y por oficio pudo invitar sin levantar sospechas a Simón. Así muere a traición el héroe de muchas batallas, como murió Amnón (2 Re 13) o como el rey Elá de Israel (1 Re 16).

16,16 2 Sm 13,28.

16,17 Cfr. Sal 35,12; 109,5; Prov 17,13.

16,23-24 El final del libro es muy significativo. El autor emplea la fórmula clásica de los libros de los Reyes: con ello, sin entrar a narrar el reinado de Juan Hircano, lo coloca en línea directa con los reyes de Judá. La vieja monarquía ha recomenzado y continúa, tal es la última palabra del autor.

Si supiéramos exactamente cuándo redactó la última página podríamos penetrar mejor en sus intenciones. Porque ya durante el reinado de Juan Hircano (134-104) la clase gobernante comienza a helenizarse, los mercenarios extranjeros forman parte del ejército, los "fieles" o Leales desengañados pasan a la oposición, los métodos de gobierno seculares y crueles penetran en la dinastía Macabea, y comienzan a incubarse las rivalidades y odios que estallarán en la generación siguiente. Conseguido el poder, los poderosos traicionan los ideales de la sublevación: de luchar por el pueblo pasan a sojuzgar al pueblo.

Tan odiados llegaron a ser los Asmoneos, que los libros de los Macabeos no fueron reconocidos en el canon hebreo. No sabemos cuánto de esta generación llegó a conocer nuestro autor. ¿Escribió cuando Juan se rehízo de los reveses sufridos de mano de Antíoco VII?, ¿quiso, en medio de la disolución, salvar la memoria de una etapa gloriosa y ejemplar?

El texto no lo dice; pero el lector moderno, al cerrar el libro, no puede ignorar lo que sucedió cuando el poder envenenó a los héroes.

16,24 Años 134-104.

1 MACABEOS. CAPÍTULO XV

 Antíoco y Simón

151Antioco, hijo del rey Demetrio, mandó una carta desde ultramar a Simón, sumo sacerdote y jefe de los judíos, y a toda la nación, 2redactada en los siguientes términos:

<<El rey Antíoco saluda a Simón, sumo sacerdote y jefe del Estado, y al pueblo judío.

3>>Considerando que unos canallas se han apoderado del reino de mis padres; queriendo yo hacer valer mis derechos al trono para restaurar el Imperio, y habiendo reclutado numerosas tropas y equipado barcos de guerra 4con intención de desembarcar en el país para vengarme de sus devastadores, que han asolado muchas ciudades de mi reino, 5te confirmo todas las exenciones de impuestos concedidas por los reyes predecesores míos y cualesquiera otras exenciones que te otorgaran. 6Te permito acuñar moneda propia, de curso legal, en tu país. 7Jerusalén y el templo serán ciudad franca. Puedes retener todo el armamento que has almacenado, así como las plazas fuertes que edificaste y tienes en tu poder. 8Todas tus deudas, presentes y futuras, pagaderas al tesoro real, te quedan perdonadas desde ahora para siempre. 9Y cuando hayamos restablecido nuestro reino os colmaremos de honores a ti, a tu nación y al santuario, de modo que vuestra fama será conocida de todo el mundo>>.

10El año ciento setenta y cuatro Antíoco marchó al país de sus padres; toda la tropa se pasó a él, de manera que quedaron pocos con Trifón.

11Antíoco lo persiguió. 12Trifón se refugió en Dor del Mar, dándose perfecta cuenta de su situación desesperada al abandonarlo sus soldados.

13Antíoco acampó frente a Dor con ciento veinte mil guerreros de a pie y ocho mil jinetes. 14Cercaron la ciudad. Los barcos se acercaron por mar, de modo que Antíoco bloqueó la ciudad por mar y tierra, sin dejar entrar ni salir a nadie. Mientras tanto, 15Numenio y su comitiva llegaron de Roma con una carta para los reyes de los diversos países, en la que se decía:

16<<Lucio, cónsul de Roma, saluda al rey Tolomeo.

17>>Enviados por el sumo sacerdote, Simón, y el pueblo judío, se nos ha presentado los embajadores judíos, nuestros amigos y aliados, 18trayéndonos un escudo de oro de seiscientos kilos.

10>>Nos es grato escribir a los reyes de los diversos países para que no intenten hacerles daño ni les ataquen a ellos, a sus ciudades y su país, ni se alíen con sus enemigos.

20>>Hemos decidido aceptarles ese escudo.

21>>Si tenéis refugiados en vuestro país algunos judíos traidores entregadlos al sumo sacerdote, Simón, para que los castigue conforme a su Ley>>. 22Escribió una carta igual al rey Demetrio, a Atalo, Ariarates y Arsaces, 23y a todos los países: Sansame, Esparta, Delos, Mindo, Sición, Caria, Samos, Panfilia, Licia, Halicarnaso, Rodas, Fasélida, Cos, Side, Arvad*, Górtina, Cnidos, Chipre y Cirene.

24Al sumo sacerdote, Simón, le enviaron una copia.

25Mientras tanto, el rey Antíoco atacaba de nuevo a Dor, lanzando contra ella incesantemente sus batallones y levantando máquinas de guerra. Tenía cercado a Trifón, sin dejarle salir ni entrar.

26Simón le envió dos mil soldados para luchar como aliados, y además plata, oro y material suficiente. 27Pero Antíoco no sólo no quiso recibirlos, sino que revocó las concesiones hechas a Simón, rompiendo con él. 28Le envió uno de sus amigos, Atenobio, como parlamentario, con este mensaje:

<<Tenéis en vuestro poder Jafa, Guézer y la acrópolis de Jerusalén, ciudades del Imperio. 29Habéis asolado sus territorios, habéis causado graves daños al país y os habéis apoderado de muchas poblaciones de mi Imperio. 30Así que entregadme las ciudades que habéis ocupado y los tributos de las poblaciones que habéis sometido fuera de los límites de Judá. 31O si no, dadme en cambio nueve mil kilos de plata, y otros tantos como indemnización por daños y perjuicios y por los impuestos de las ciudades. En caso contrario, me presentaré ahí para atacarte>>.

32Atenobio, amigo del rey, llegó a Jerusalén y se quedó asombrado ante el esplendor de Simón, sus aparadores repletos de vajilla de oro y plata, y todo el fasto que lo rodeaba. Entregó a Simón el mensaje del rey, 33y Simón respondió:

-Ni hemos ocupado tierra extranjera ni nos hemos apoderado de bienes ajenos, sino de la heredad de nuestros antepasados, que ha estado algún tiempo en poder enemigo injustamente. 34Aprovechando la ocasión hemos recuperado la heredad de nuestros antepasados. 35En cuanto a Jafa y Guézer, que tú reclamas, eran un fuente de malestar para nuestro pueblo y nuestro país. Te daremos por ellas tres mil kilos (de plata).

36Atenobio no respondió. Enfurecido, se volvió a donde el rey y le transmitió la respuesta; le habló de la fastuosidad de Simón y de todo lo que había visto. El rey se puso furioso.

37Por su parte, Trifón pudo huir por mar a Ortosia.

38El rey nombró a Cendebeo jefe supremo del litoral, y le asignó soldados de infantería y caballería. 39Le mandó acampar frente a Judá, reconstruir Cedrón, reforzar sus puertas y utilizar al pueblo mientras el rey perseguía a Trifón.

40Cendebeo se presentó en Yamnia y empezó a provocar al pueblo, a invadir Judá, a hacer presiones y a matar gente. 41Reconstruyó Cedrón y acantonó allí jinetes e infantería, para que hicieran incursiones y marchas por las rutas de Judá, como se lo había ordenado el rey.

Explicación.

15,1-9 Con esta carta afirma Antíoco su soberanía sobre Simón, haciendo depender de su gracia y favor una serie de prerrogativas. Por su parte, dada la inflación de promesas y lo agitado de la situación política, no se compromete mucho, su decreto no es irrevocable. La concesión de acuñar moneda es la novedad más importante, pue sanciona una notable independencia económica.

Desde el puto de vista del autor, la carta honra a Simón y a su pueblo: el rey tiene que reconocer a su manera los poderes de los judíos, tiene que mendigar su ayuda o al menos asegurarse su neutralidad; y sea como fuere la causa del progreso de la independencia, bastará con no dejarse arrancar lo ya concedido.

Se trata de Antíoco VII Sidetas, hijo de Demetrio I, hermano de Demetrio II. Mientras este último está retenido en cautividad, Antíoco le sustrae la mujer, Cleopatra Thea.

15,5 Véase 10,28 y 13,37.

15,10 Antíoco tiene que rehacer el itinerario de su padre: 10,67. Trifón pierde sus mercenarios como os había ganado, la lealtad no impera entre ellos: 11,55.

15,15-24 La carta de los romanos interrumpe la narración del cerco de Trifón. Por una parte, este respaldo de los romanos contrasta con las luchas en que se enredan los Seléucidas; por otra, la fidelidad de dichos aliados condena con su proximidad la deslealtad de Antíoco. las cláusulas son sustanciosas: sin intervenir directamente, con el peso de su poderío, los romanos levantan un cerco protector en torno a los judíos; y, con el derecho de reclamar la extradición, Simón puede prevenir ataques del partido enemigo exiliado. Por eso se dice "para que los castigue conforme a su Ley": los apóstatas son los infieles a la Ley. Simón adquiere poder sobre ellos aun fuera de su jurisdicción estricta; no sabemos si tales poderes se ejercieron de hecho.

La lista de reyes y reinos hace pensar en una diáspora notable. Si fueron los embajadores quienes sacaron a los romanos la concesión y la lista de destinatarios, el hecho indicaría la preocupación de Simón por destruir el partido colaboracionista: el Acra es el corazón; el Mediterráneo oriental es la periferia como amenaza potencial (véase 2 Mac 7,10).

15,22 Demetrio representa el reino Seléucida; Atalo es el rey de Pérgamo; Ariarates, de Capadocia; Arsaces, del reino Parto.

15,23 Ciudades de Asia Menor, del Peloponeso, de las islas. * = Arados.

15,25-28 ¿A qué se debe el cambio de Antíoco? Parece sentirse ya vencedor de Trifón y seguro de reivindicar sus derechos. En tal momento no quiere aceptar favores que lo vinculen a Simón. Si en un momento afirmaba su soberanía otorgando favores y concesiones, ahora corrobora su dominio revocándolas. No sólo eso, sino que pasa al ataque.

15,28-31 Antíoco no quiere regalos, reclama derechos. De golpe pretende deshacer la expansión judía y volver a implantar la polis griega en Jerusalén, apoyada en la acrópolis.

15,32 Antíoco se ha desmedido no comprendiendo la posición real de Simón. Es lo que descubre el embajador. En otros tiempos se podía tratar así a un Macabeo, ahora ha comenzado una nueva era.

15,33-35 Si el Seléucida invoca derechos de herencia, remontándose implícitamente a Antíoco Epífanes, Simón puede remontarse muchos siglos: su reino empalma con el davídico. Con todo, por no extremar la tensión, y teniendo en cuenta que Jafa había sido territorio filisteo, accede a una compensación pecuniaria ya se la había ofrecido, en cierta manera, al enviarle tropas auxiliares equipadas y pagadas, y la economía del reino judío puede permitirse ese gesto razonable.

15,38 Se retiran a segundo plano los protagonistas y entran en escena dos personajes: un general Seléucida y el hijo del Macabeo. El primero desaparecerá sin dejar rastro, el segundo asegurará la continuidad. Para Juan, hijo del Macabeo, será la primera prueba militar.

La mención de Modín (16,4) nos traslada al comienzo de la sublevación: han cambiado las condiciones de la guerra. Ahora el Seléucida se contenta con incursiones de represalia, mientras que el Macabeo lo puede obligar a una confrontación directa. Por primera vez el ejército judío puede contar con soldados a caballo.

1 MACABEOS. CAPÍTULO XIV

 Gloria de Simón

141El año ciento setenta y dos el rey Demetrio concentró sus tropas y marchó a Media en busca de ayuda para la guerra contra Trifón.

2Pero cuando Arsaces, rey de Persia y Media, se enteró de que Demetrio había entado en su territorio, envió a uno de sus generales con orden de apresarlo vivo. 3Fue el general, derrotó al ejército de Demetrio, lo apresó y se lo llevó a Arsaces, que lo metió en la cárcel.

4Mientras vivió Simón,

Judá estuvo en paz.

Simón buscó el bienestar

de su pueblo,

que aprobó siempre

su gobierno

y su magnificencia.

5Añadió a sus títulos de gloria

la conquista de Jafa

como puerto,

y así abrió un camino

al tráfico marítimo.

6Extendió las fronteras

de su patria,

se adueñó del país;

7repatrió a numerosos cautivos,

se apoderó de Guézer,

Betsur y la acrópolis;

echó de ella las profanaciones,

no hubo quien le resistiera.

8La gente cultivaba en paz

sus campos,

la tierra daba sus cosechas

y los árboles de la llanura

sus frutos.

9Los ancianos

se sentaban en las plazas

hablando todos de venturas,

y los mozos vistieron

gloriosos uniformes militares.

10Abasteció de víveres

a las ciudades,

las equipó

con medios de defensa,

su renombre llegó

a los confines del orbe.

11Hizo obra de paz en el país,

e Israel se llenó

de inmenso gozo.

12Cada cual pudo habitar

bajo su parra y su higuera

sin que nadie lo inquietara.

13Acabó con los enemigos

en el país,

en su tiempo los reyes

acababan derrotados.

14Protegió a la gente humilde;

tuvo en cuenta la Ley,

exterminó los apóstatas

y malvados.

15Dio esplendor al templo

y aumentó

los utensilios sagrados.

16En Roma y Esparta sintieron profundamente la muerte de Jonatán cuando supieron la noticia; 17pero al enterarse de que su hermano Simón le había sucedido como sumo sacerdote y que se había hecho cargo del país y sus ciudades, 18le escribieron en tablillas de bronce para renovarle el tratado de amistad y mutua defensa pactado con sus hermanos Judas y Jonatán; 19aquel documento se leyó en Jerusalén ante la asamblea.

20Copia de la carta que mandaron a los espartanos:

<<El gobierno y la ciudad de Esparta saludan a sus hermanos el sumo sacerdote Simón, los senadores, los sacerdotes y demás pueblo judío.

21>>Los embajadores que nos habéis enviado nos han informado de vuestro esplendor y vuestra gloria. Nos hemos alegrado con su venida, 22y sus discursos constan en las actas oficiales, en estos términos: "Numenio, de Antíoco,  Antípatro, de Jasón, embajadores de los judíos, han venido aquí a renovar su pacto de amistad. 23El pueblo ha decretado recibirlos con todos los honores y depositar una copia de sus discursos en los documentos oficiales, para que sirva de recuerdo a la nación espartana. Se ha sacado una copia de todo esto para el sumo sacerdote Simón">>.

24Más tarde envió Simón a Numenio a Roma, con un gran escudo de oro, de seiscientos kilos, para ratificar el pacto de mutua defensa con los romanos.

25Al correrse estas noticas entre el pueblo, la gente comentó:

26-¿Con qué podremos pagar a Simón y sus hijos? Porque él, sus hermanos y su familia han luchado con constancia para rechazar a los enemigos de Israel, y le han conseguido la libertad.

Grabaron una inscripción en bronce y la fijaron en unas columnas en el monte Sión.

27Copia de la inscripción:

<<El dieciocho de septiembre el año ciento setenta y dos -que corresponde al año tercero de Simón, sumo sacerdote-, durante la tribulación del pueblo de Dios, 28en una asamblea solemne de sacerdotes y pueblo, autoridades y senadores del país, se nos notificó lo siguiente. 29Cuando en el país se libraban frecuentes combates, el sacerdote Simón, hijo de Matatías, descendiente de Yoarib, y sus hermanos se expusieron al peligro y resistieron a los enemigos de su patria para salvar incólumes su templo y su Ley, y así dieron gran gloria a su nación, haciéndola gloriosa. 30Jonatán, después de unificar a su patria y hacer de sumo sacerdote, fue a reunirse con los suyos. 31Sus enemigos quisieron poner el pie en el país y atacar el templo, 32pero entonces surgió Simón, para luchar por su pueblo; gastó gran parte de su fortuna en equipar y pagar a los guerreros de su patria. 33Fortificó las ciudades de Judá y a Betsur, en la raya de Judá, antiguo cuartel enemigo, y dejó allí una guarnición judía. 34Fortificó Jafa, en la costa, y Guézer, en la raya de Asdod, antiguo enclave enemigo, y estableció allí colonias judías, proporcionándoles todo lo necesario para su buen funcionamiento. 35Al ver la gente la fidelidad de Simón y su interés por engrandecer a su patria, lo nombraron caudillo y sumo sacerdote suyo, como recompensa por los servicios prestados, por su honradez y lealtad para con la patria, intentando por todos los medios enaltecer a su pueblo. 36En su tiempo pudo llevarse a buen término la expulsión de los paganos de la zona ocupada, y de los de Jerusalén, la ciudad de David, que se habían edificado una acrópolis de donde salían a profanar los alrededores del templo, profanando gravemente su pureza. 37Simón instaló judíos en la acrópolis, la fortificó para seguridad del país y de la ciudad, y elevó las murallas de Jerusalén. 38Por eso el rey Demetrio le confirmó en el cargo de sumo sacerdote, 39lo hizo grande del reino y lo colmó de honores, 40pues se enteró de que los romanos llamaban a los judíos amigos, aliados y hermanos, y que habían recibido con todos los honores a los embajadores de Simón, 41y que los judíos y los sacerdotes habían determinado que Simón fuese su caudillo y sumo sacerdote vitalicio, hasta que surgiese un profeta fidedigno, 42y que fuese su general, que se cuidase del templo, de la supervisión de las obras, del gobierno del país, del armamento, de las plazas fuertes; todos debían obedecerle. 32Los documentos oficiales se escribirían todos en su nombre, y él vestiría de púrpura y oro. 44Se prohíbe a todo el pueblo y a los sacerdotes desobedecer uno solo de estos puntos, contradecir las órdenes que dicte, convocar en todo el territorio una reunión sin autorización, vestir de púrpura o llevar una hebilla de oro. 45Todo el que contravenga estas prescripciones o desobedezca uno solo de estos puntos será reo de culpa>>. 46Todos aprobaron que se otorgase a Simón autoridad para actuar conforme a tales normas. 47Simón aceptó con agrado actuar de sumo sacerdote, ser general y jefe de los judíos y de los sacerdotes y presidirlos a todos. 48Decretaron grabar este documento en tablillas de bronce y colocarlas en el recinto del templo, en un sitio visible, 49depositando en el tesoro copias a disposición de Simón y sus hijos.

Explicación.

14 A estas alturas del libro, cuando el tercer Macabeo ha consolidado las victorias y posee la doble dignidad sacerdotal y político-militar, el autor se detiene a componer un elogio del personaje, al que harán corona los reconocimientos de su propio pueblo (14,27-49), de Esparta (14,20-23) y de Roma (15,16-21).

14,5-15 El elogio, redactado en versos bastante prosaicos, conjura un universo glorioso con el procedimiento de acumular alusiones. Las bendiciones del Levítico y Deuteronomio (promesas de la alianza con el pueblo), las glorias de la dinastía ejemplarmente realizadas por David y Salomón, las esperanzas proféticas incluso de signo escatológico, acuden a la cita del autor y se congregan para proclamar que se ha restaurado el viejo reino, el vivido en parte, el prometido, el soñado y esperado. El pueblo, al que se agregan los cautivos repatriados, está otra vez en su tierra de anchas fronteras, bien - defendidas, donde goza de paz y prosperidad; los enemigos externos han sido vencidos, los internos han sido excluidos. En medio se destaca la ciudad santa, purificada, con el templo. ¿Qué falta? Cuando falte el último de los hermanos, continuará la nueva dinastía, porque Juan ya ha sido designado.

Hay que comparar este himno con la elegía de 2,7-13 para apreciar el camino recorrido. Ni de golpe ni por puro regalo del Señor, sino por el lento esfuerzo de unos hermanos, protegidos del Señor, adviene el nuevo reino davídico. Su perfil se compone de trazos realistas, sobrios (nada de milagrosas transformaciones), el conjunto da una imagen levemente idealizada.

14,4a En paz, como en las aristeyas de los jueces (Jue 5,31; 8,28), o en tiempo de Salomón (1 Re 5,4) y del rey ideal (Sal 72,7).

14,4b El bienestar: lo contrario del sacerdote impío Alcimo (7,15); podría ser un eco de la exigencia de Am 5,14.

La magnificencia: como en otro tiempo la de Salomón. El autor le da un sentido positivo, sin salvedades, a pesar de la experiencia salomónica.

14,5 La apertura al tráfico marítimo del Mediterráneo hace eco a la que realizó Salomón con ayuda de Jirán (1 Re 10; 9,27-28).

14,6 La expansión territorial es más bien empresa davídica, y está profetizada en textos como Is 54,1-3 e Is 26,15.

14,7 La repatriación de los cautivos es una de las promesas proféticas fundamentales: Is Segundo; Jr 31,12; Ez 39,28; Is 27,13. El autor ha aprovechado diversas ocasiones para mencionar el retorno: 5,23ss; 9, 70-72; 10,33.

14,7b Lo anuncia Ez 11,18, y está indicado en Is 30,22 y Zac 14,20.

14,8 Bendición de Lv 26,34, promesa de Zac 8,12.

14,9 Anunciado en Zac 8,4-6.

14,10 Es una de las actividades salomónicas (cfr. 10,26); realizada por Simón, según 13,33.

14,11 Como en la coronación de Salomón, 1 Re 1,40.

14,12 Sobre todo, Miq 4,4; también 1 Re 5,5.

14,13 Por lo que sigue en los próximos capítulos, se ve que se trata de una hipérbole; es el tema de salmos como Sal 45,6; 72,9; 18,38-43.

14,14 Proteger a los desvalidos es función específica del rey: Sal 72; Is 11,4; lo cual exige enfrentarse con los malvados y eliminarlos si es preciso: Sal 101,8. El autor coloca entre los malvados a los "apóstatas" del partido colaboracionista. A los apóstatas "sin Ley" se contrapone el respeto a la Ley: Ley en singular colectivo, que engloba toda la tradición. Por el pueblo y por las leyes se sublevaron los Macabeos.

14,15 También el último dato actualiza la figura de Salomón y de sus dignos sucesores.

14,16-24 Renovación de los pactos. Ya Salomón había firmado tratados con reyes extranjeros; los profetas, especialmente Isaías, disuaden de tales pactos. Aquí se recogen las noticias del cap. 8, para mostrar la continuidad de Judas a Simón. Estas alianzas fraternales no comprometen la fidelidad al Señor de la alianza; se resuelven más en honor del Macabeo que en ayuda concreta y eficaz.

El autor escribe con cierta exageración provinciana de cronista local. Al citar los textos, tiene bien poco que servir. Esas frases genéricas de los espartanos ni dicen ni comprometen nada; se reducen a constatar la recepción del mensaje y a registrarlo oficialmente. Es como si esta reticencia respondiese a la salvedad de 12,9-15, firmada por Jonatán "no necesitamos alianzas".

Hay otra cosa en estas alianzas, y es que Judea figura como nación soberana en el tablero internacional: no pide permiso Simón para enviar embajadores y ratificar alianzas. El que esto sea reconocido por Esparta y Roma es ya un triunfo digno de mención. Es más, según el v.18, romanos y espartanos toman la iniciativa de escribir. La noticia no es inverosímil, pues un apoyo en Palestina era sin duda ventajoso para dichos pueblos.

14,18 1 Mac 8; 12.

14,19 Asamblea del pueblo, no sólo el Senado. Es la práctica de las grandes ocasiones, pero sin carácter sacro.

14,24 La noticia continúa en 15,15.

14,25 Jue 9,16s.

14,26 Las palabras puestas en boca del pueblo subrayan el carácter familiar de la empresa liberadora y sugieren el principio dinástico al incluir a los hijos de Simón: se llega a la tercera generación, consolidando el gesto inicial de Matatías. Resuena por contraste la queja del hijo de Gedeón: Jue 9,16-17.

14,27 Año 140.

14,27-49 El documento resume los méritos de Simón, enumera sus atribuciones, tiene que reconocer implícitamente alguna dependencia del emperador Seléucida y procura presentar el permiso o ratificación de Demetrio del modo más favorable a Simón y a los judíos.

14,27 La datación paralela es ya un acto de afirmación de independencia y expresa la conciencia de que ha comenzado una nueva era. Es dudoso el sentido del término griego asaramel, transcripción de un hebreo que podría significar "en la tribulación / en el atrio / en la reunión del pueblo de Dios". El primer sentido englobaría la historia reciente hasta la liberación; el segundo designa una parte del templo, y el tercero sería duplicación.

14,29 Véase 11,23.42. Pueblo, templo y Ley son la síntesis de los valores por los que lucharon.

14,32 De la lucha de voluntarios se ha pasado al ejército regular, a sueldo del general, como en tiempos de la antigua monarquía.

14,33 Betsur: 4,61; 6,50; 9,52; 11,66.

14,35 Sobre estas virtudes, véase Sal 112;  predicadas de Dios en Sal 111.

14,36 Sal 44,3; Lv 20,23

14,37 Versión secular de lo que canta Sal 48.

14,41 Respecto a 13,42, el orden de los cargos está invertido, va por delante el cargo civil. Los judíos decretan que sea vitalicio y (quizá) hereditario. Pero la tradición les recuerda que el monarca de los judíos es vasallo del Señor, a quien toca elegir, confirmar y rechazar. De hecho, la dinastía Macabea no es de estirpe davídica: los signos de sus esfuerzos y victorias convergen en mostrarlo como elegido, pero al Señor compete ratificar la decisión humana. Por eso el autor hace esa salvedad, poniendo la decisión última en boca de un profeta que comunique la decisión divina. Es el profeta prometido en Dt 18,15-22, que hace mucho tiempo no surge ya entre los judíos. Véase 4,46 y 9,27.

14,44 Prohíben las reuniones no autorizadas para evitar conjuras: véanse Sal 63,2 y 2 Re 15,15.


1 MACABEOS. CAPÍTULO XIII

 Simón asume el mando

131Cuando Simón se enteró de que Trifón había reunido un gran ejército para ir a devastar Judá 2y vio a la gente aterrorizada, subió a Jerusalén, congregó al pueblo 3y les arengó:

-Vosotros sabéis lo que yo, mis hermanos y mi familia hemos hecho por la Ley y el templo, las guerras y dificultades que hemos pasado. 4Por eso todos mis hermanos han muerto por Israel. Quedo yo solo. 5Pero lejos de mí escatimar mi vida en momentos de peligro, pues no valgo más que mis hermanos. 6Al contrario, vengaré a mi pueblo, al templo, a vuestras mujeres y vuestros hijos, puesto que todas las naciones, por odio, se han unido para aniquilarnos.

7Al oírle hablar así, todos se reanimaron, 8y le respondieron con una aclamación:

-¡Tú eres nuestro caudillo después de Judás y de tu hermano Jonatán! 9Dirige nuestra guerra, y haremos lo que nos mandes.

10Simón congregó a todos los guerreros y se dio prisa a terminar la muralla de Jerusalén, fortificándola toda en derredor. 11A Jonatán, de Absalón, lo envió a Jafa con bastante tropa. Jonatán expulsó a los de Jafa y se estableció allí.

12Trifón salió de Tolemaida con un gran ejército para ir a Judá: llevaba con él a Jonatán, prisionero. 13Simón acampó en Adida, frente a la llanura.

14Cuando Trifón supo que Simón reemplazaba a su hermano Jonatán y que estaba a punto de atacarle, le envió este mensajel:

15-Tenemos cautivo a tu hermano Jonatán, por el dinero que debe al fisco a causa de los cargos que tenía. 16Si mandas tres mil kilos de plata y dos de sus hijos como rehenes, para que no se rebele cuando quede libre, lo soltamos.

17Simón comprendió que le hablaban de mala fe, pero envió a por el dinero y los niños, para no suscitar una mayor odiosidad entre el pueblo, que comentaría:

18-¡Ha muerto Jonatán porque Simón no envió a Trifón el dinero ni los niños!

19Así que envió los niños y tres mil kilos de plata. Pero Trifón, faltando a su palabra, no soltó a Jonatán.

20Trifón marchó después para invadir y saquear el país; rodeó por el camino de Adora. Simón y su ejército lo seguían a todas partes. 21Los de la acrópolis enviaban mensajes a Trifón, metiéndole prisa para que cortara por el páramo y les enviara víveres. 22Trifón preparó toda su caballería para ir allá, pero aquella noche caía una nevada tan fuerte que no pudo ir a causa de la nieve. Entonces emprendió la marcha hacia Galaad. 23Al llegar cerca de Bascama mató a Jonatán, y allí lo enterraron. 24Luego regresó a su tierra.

25Simón envió a recoger los restos mortales de su hermano Jonatán, y lo enterró en Modín, su pueblo natal. 26Todo Israel le hizo solemnes funerales y lo lloraron durante muchos días.

27Sobre la sepultura de su padre y hermanos, Simón levantó un monumento de piedra pulida por ambas caras, bien visible. 28Erigió siete pirámides, unas frente a otras, en honor de su padre, su madre y sus cuatro hermanos. 29Las rodeó artísticamente con grandes columnas; sobre las columnas colocó panoplias para recuerdo perpetuo, y junto a las panoplias, naves esculpidas, para que las vieran los navegantes. 30Así era el monumento que construyó en Modín y que todavía se conserva.

Actividad político-militar de Simón

31Por su parte, Trifón conspiró contra el joven rey Antíoco y lo mató; 32lo suplantó en el trono, ciñó la corona de Asia y asestó un duro golpe al país.

33Simón construyó las plazas fuertes de Judá, las rodeó de torres elevadas y altas murallas, con puertas y cerrojos, y las dejó bien aprovisionadas. 34Eligió a algunos para enviarlos al rey Demetrio a pedirle que condonase los impuestos al país, porque todas las intervenciones de Trifón habían sido un verdadero saqueo. 35El rey Demetrio respondió a su petición con la siguiente carta:

36<<El rey Demetrio saluda al sumo sacerdote, Simón, aliado de reyes, a los senadores y al pueblo judío.

37>>Hemos recibido la corona de oro y el ramo de palma que enviasteis, y estamos dispuestos a firmar con vosotros una paz duradera y a escribir a los funcionarios para que os eximan de impuestos.

38>>Sigue en vigor cuanto hemos decretado en vuestro favor. Las plazas fuertes que habéis construido quedan en vuestro poder.

39>>Asimismo, concedemos amnistía por los errores y transgresiones cometidas hasta el presente. Os perdonamos la corona que debéis. Y si en Jerusalén debéis alguna contribución, no se os exigirá.

40>>Si algunos de vosotros estáis dispuestos a alistaros en nuestra escolta podéis hacerlo.

>>¡Haya paz entre nosotros!>>.

41Israel se sacudió el yugo extranjero el año ciento setenta, 42y empezaron a fechar así los documentos y contratos: <<Año primero de Simón el Grande, sumo sacerdote, general y caudillo de los judíos*>>.

43Por entonces acampó Simón frente a Guézer y la cercó con su ejército; armó una torre de asalto, la arrimó a la ciudad, abrió brecha en un torreón y lo ocupó. 44Cuando los que iban en la torre móvil saltaron a la ciudad se armó un gran revuelo en la población. 45Los vecinos de la ciudad subieron a la muralla con sus mujeres e hijos, y rasgándose las vestiduras, pidieron la paz a Simón, con grandes gritos:

46-¡No nos trates como merece nuestra maldad, sino conforme a tu misericordia!

47Simón accedió y suspendió el ataque. Pero los expulsó de la ciudad, purificó las casas en las que había ídolos, y entonces entró en la ciudad entre cantos de alabanza y acción de gracias. 48Echó fuera de la ciudad todo lo que profanaba e instaló en ella gente observante de la Ley. Fortificó Guézer y se construyó allí una casa.

49Los de la acrópolis de Jerusalén, como no podían salir ni entrar en la provincia para comprar y vender, pasaban un hambre espantosa, y muchos de ellos morían de inanición. 50Clamaron a Simón, pidiéndole las paces. El accedió. Los expulsó de allí y purificó la acrópolis de las profanaciones.

51El día veintitrés del mes segundo del año ciento setenta y uno entraron los judíos en la acrópolis, entre vítores, con ramos de palma, cítaras, platillos y arpas, con himnos y canciones, porque había sido derrotado el mayor enemigo de Israel. 52Simón declaró aquel día fiesta anua. Luego fortificó el monte del templo, del lado de la acrópolis, y habitó allí con los suyos. 53Y cuando vio que su hijo Juan era ya un hombre, lo nombró general en jefe del ejército, con residencia en Guézer.

Explicación.

13,1-9 A la muerte presunta de Jonatán, Simón es el candidato obvio para continuar la lucha; y es elegido por aclamación popular. Mirando en torno contempla un imperio Seléucida dividido y decadente, muy diverso del reino que dirigió Antíoco Epífanes. Hay dos monarcas: un niño en la capital y un fugitivo con su ejército propio; y hay un intrigante ambicioso que pretende eliminar la dinastía. ¿En quién de los tres se puede apoyar Simón? Por simpatía, en el hijo de Alejandro Balas; por prudencia política, en la división de los pretendientes.

En Judá encuentra un cambio espectacular desde la muerte de Matatías: los revoltosos tienen poder religioso, político y militar; el partido se ha acreditado y consolidado. ¿Siguen teniendo una causa para luchar? No es que les falten enemigos fuera del territorio, pero ya no existe la persecución contra la Ley o el templo. Sin embargo, Simón invoca los mismos ideales de antes: "Por la Ley, el templo, el pueblo"; además, invoca un terrible peligro externo para movilizar los ánimos. ¿Por qué? Se ve que todavía seguía viva la división interna de los dos partidos judíos. Los helenófilos contaban todavía con adeptos y simpatizantes, por no mencionar los que tenían pérdidas familiares que vengar. Ellos tenían un programa de pacificación y muchos reproches que dirigir al último de los hermanos; con la desaparición de Jonatán todavía podía volver a su partido el cargo de sumo sacerdote.

En la perspectiva del autor, "Israel, el pueblo" significa el partido independentista.

13,3-4 Simón ha participado activamente en múltiples ocasiones, entrenándose y acreditándose. Es el último hermano vivo: Lázaro (Eleazar) murió aplastado por un elefante (6,43); Judas, en el campo de batalla (9,18); Juan, a traición (9,36.42); a Jonatán lo da por muerto. Es una herencia peligrosa la que pretende.

13,20-24 Trifón, en su intento de atacar a los judíos para establecer contacto con la acrópolis y afirmar su dominio en Jerusalén, se ve obligado a rodear casi completamente el territorio de Judá. Desde la pana marítima comienza su intento de penetración hacia el este y tropieza con la resistencia de Simón; va bajando hacia el sur, con igual resultado. Entonces penetra en Idumea, región no controlada por Simón -Adora se encuentra al sur de Betsur-, desde allí sigue hacia Oriente para subir por el camino cercano al Mar Muerto; esta vez es la nieve el aliado celeste de Simón (como en otros tiempos el aguacero, Jos 10; Jue 5). Entonces pasa el Jordán y sube hasta el lago de Genesaret por oriente. Una enorme vuelta para verse burlado por el enemigo y los elementos. En la esquina noroeste del lago ejecuta su venganza matando al prisionero, y desde allí se dirige hacia Antioquía.

13,25-30 Es un monumento funerario y un trofeo militar, que conmemoraba las victorias en tierra y sobre las plazas marinas. Sería un lugar de visita al principio de la monarquía asmonea, cuando el autor componía su libro. El modelo artístico no parece inspirarse en formas hebreas, sino griegas de la época.

13,31-34 El asesinato del niño Antíoco libera a Simón del juramento de lealtad; el asesino Trifón le ha dado motivos suficientes para pasarse a Demetrio. Retorna la situación precedente, pero ahora Simón está muy fortalecido. Podemos suponer que la embajada no sólo pedía favores, sino que podía ofrecer ventajas importantes sin rebajarse. Demetrio todavía no era muy fuerte como para imponer condiciones; además, ¿no le habían salvado la vida los judíos unos años antes?

13,36 Se da por hecho que Simón ocupa el cargo de sumo sacerdote; la aclamación popular no llegaba a tanto; tuvo que mediar un nombramiento oficial. Como sumo sacerdote, ostenta la representación suprema del pueblo, no lleva el título de rey. Se puede comparar esta carta con las ofertas fantásticas de Demetrio I (cap. 10). Concediendo la amnistía, Demetrio realiza un acto de generosidad y a la vez afirma su poder soberano.

13,41-42 Este es un gran momento para el autor, el comienzo práctico de la independencia nacional. Después de veinticinco años de luchas y negociaciones, la línea de Matatías había sido más estable que la de los monarcas seléucidas. En realidad, Simón seguía siendo vasallo del rey sirio: de él recibió la amnistía y la dispensa o exención de tributos, a él debía fidelidad.

13,42 Año 142.

13,43-48 En el orden militar, el imperio nunca había renunciado a dos fortalezas estratégicas en territorio judío: una era Guézer, ciudad próxima a la costa que controlaba el acceso dde Jafa a Jerusalén, y otra era la acrópolis de Jerusalén, ciudad griega clavada en la capital. En las dos había guarnición extranjera y judíos del partido colaboracionista. Mientras Simón no triunfe del partido rival, su empresa está sin concluir. La conquista de las dos ciudades era una auténtica purificación: expulsión de extranjeros y excomunión o proscripción de apóstatas.

13,46 Es casi como un estribillo de salmo o de liturgia penitencial (Neh 9; Dn 9).

13,48 Sal 101,8.

13,49-50 La conquista de la acrópolis, situada en la "Ciudad de David", es casi como la primera conquista de Jerusalén. Sus moradores eran "el mayor enemigo de Israel", el último vestigio de la persecución de Antíoco. De la purificación del templo a la purificación de la acrópolis discurre un arco glorioso de historia patria; ambos sucesos serán celebrados anualmente.

13,53 Demetrio y Trifón quedaban lejos, ocupados en guerra civil, incapaces de intervenir en Judá. Y Simón, nombrando general a su hijo Juan, introduce el principio de sucesión: ese hijo llegará a rey.

1 MACABEOS. CAPÍTULO XII

 Embajada a Roma

121Viendo Jonatán que el momento era favorable, eligió a algunos para enviarlos a Roma a confirmar y renovar el pacto de amistad con los romanos. 2A Esparta y otros países despachó mensajes en el mismo sentido.

3Los embajadores partieron para Roma, y cuando entraron en el Senado, dijeron:

-El sumo sacerdote, Jonatán, y el pueblo judío nos ha enviado a renovar vuestro antiguo pacto de amistad y de mutua defensa con ellos.

4Los romanos les dieron un salvoconducto con el que pudieran llegar a Judá sanos y salvos.

5Copia de la carta de Jonatán a los espartanos:

6<<El sumo sacerdote, Jonatán, los senadores del pueblo, los sacerdotes y toda la nación judía saludan a sus hermanos de Esparta.

7>>Antaño vuestro rey Areo envió al sumo sacerdote, Onías, una carta reconociendo nuestro parentesco, como consta en la copia adjunta. 8Onías recibió a vuestro mensajero con todos los honores, y recibió la carta, que hablaba de mutua defensa y amistad. 9Y aunque con el estímulo de los libros santos no necesitamos tales alianzas, 10nos hemos aventurado a enviaros una embajada para renovar con vosotros nuestra alianza fraternal, a fin de no mirarnos como extraños, pues ha pasado mucho tiempo desde que nos enviasteis aquel mensaje.

11>>Por lo que a nosotros toca, con ocasión de las festividades y en otros días designados no os olvidamos en nuestros sacrificios y oraciones, pues es justo y debido acordarse de los hermanos.

12>>Nos congratulamos con vuestra fama.

13>>Nosotros nos hemos visto cercados de muchas tribulaciones y muchas guerras; 14los reyes vecinos nos han atacado, pero no hemos querido molestaros a vosotros ni a los demás aliados y amigos nuestros con motivo de esas guerras, 15pues gracias a la ayuda protectora del cielo nos hemos librado de los enemigos, que han sido derrotados.

16>>Así, pues, hemos elegido a Numenio, de Antíoco, y a Antípatro, de Jasón, y los hemos enviado a Roma para renovar el anterior pacto de amistad y mutua defensa. 17Les hemos ordenado presentarse también a vosotros, saludaros y entregaros esta nuestra carta sobre la renovación de nuestra fraternidad. 18Haced el favor de respondernos a esta carta>>.

19Copia de la carta enviada a Onías:

20<<Areo, rey de Esparta, saluda al sumo sacerdote Onías.

21>>En un documento relativo a espartanos y judíos se ha descubierto que son parientes, de la estirpe de Abrahán. 22Ahora que lo sabemos, os pedimos por favor que no escribáis con noticias vuestras. 23Por nuestra parte, os decimos: vuestros ganados y hacienda son nuestros y los  nuestros son vuestros. Por tanto ordenamos que os lo comuniquen en estos términos>>.

24Jonatán se enteró de que los oficiales de Demetrio habían vuelto con un ejército mayor que antes para atacarle. 25Salió de Jerusalén para hacerles frente en la zona de Jamat, sin dejarles poner pie en su territorio. 26Envió espías al campamento enemigo, y al volver le comunicaron que se preparaban para caer de noche sobre los judíos.

27En cuanto se puso el sol, Jonatán ordenó a los suyos estar en vela y con las armas a mano toda la noche, preparados para el combate, y destacó avanzadillas en torno al campamento.

28Cuando los enemigos se enteraron de que Jonatán y los suyos estaban dispuestos al combate se acobardaron, llenos de miedo; encendieron fogatas en el campamento [y se retiraron]. 29Jonatán y los suyos, como veían el resplandor de las hogueras, no se enteraron hasta por la mañana de lo ocurrido. 30Entonces Jonatán los persiguió, pero no pudo alcanzarlos, porque ya habían pasado el río Eléutero. 31Luego se volvió contra los árabes llamados zabadeos; los derrotó y los saqueó. 32Emprendió la marcha hacia Damasco y atravesó toda la región.

33Simón había salido, mientras tanto, y había llegado hasta Ascalón y las plazas fuertes cercanas; se desvió luego hacia Jafa y la conquistó 34(es que se había enterado de que querían entregar la plaza fuerte a los de Demetrio). Dejó allí una guarnición de defensa.

35A su vuelta, Jonatán convocó a los senadores del pueblo y decidió con ellos construir plazas fuertes en Judá, 36dar más altura a las murallas de Jerusalén, construir una gran barrera de separación entre la acrópolis y la ciudad para aislar la acrópolis sin que pudieran comprar ni vender.

Se reunieron para reconstruir la ciudad, porque estaba caída una parte de la muralla oriental, sobre el torrente de levante. Jonatán restauró la muralla de Capenat. 38Simón, por su parte, recontruyó Adida den la Sefela, la fortificó y le puso puertas con cerrojos.

Secuestro de Jonatán

39Trifón había intentado ocupar el trono de Asia, ceñirse la corona y eliminar al rey Antíoco. 40Pero temiendo que Jonatán no le iba a dejar, o que a lo mejor lo atacaba, andaba buscando la manera de prenderlo y deshacerse de él; así, se marchó hasta Beisán. 

41Jonatán salió a hacerle frente con cuarenta mil soldados escogidos, y llegó a Beisán. 42Al ver Trifón que Jonatán había venido con aquel ejército, temió echarle mano; 43es más, lo recibió con todos los honores, lo recomendó a todos sus generales, le hizo regalos  y ordenó a sus generales y soldados que le obedeciesen como a él mismo. 44Y dijo a Jonatán:

-¿Para qué has cansado a toda esta gente, cuando no hay guerra entre nosotros? Licénciales, quédate con una pequeña escolta y ven conmigo a Tolemaida; te la entregaré con las demás plazas fuertes, el resto del ejército y todos los funcionarios; después emprenderé el regreso; para esto he venido.

46Jonatán se fio de él e hizo lo que le dijo: licenció a los soldados, que se fueron a Judá; 47se quedó con unos tres mil hombres: dejó dos mil en Galilea, los otro mil lo acompañaron. 48Y cuando entró en Tolemaida, los habitantes de la villa cerraron las puertas, lo apresaron y acuchillaron a todos los que habían entrado con él.

49Trifón envió tropas de infantería y caballería a Galilea y a la gran llanura de Esdrelón para eliminar a todos los de Jonatán. 50Pero éstos, que ya sabían que Jonatán había caído preso y muerto con los de su escolta, se animaron mutuamente, y avanzaron en escuadrón cerrado, dispuestos a la lucha. 51Sus perseguidores los vieron dispuestos a jugarse la vida y se volvieron. 52Así, los de Jonatán pudieron llegar sanos y salvos a Judá. Lloraron a Jonatán y a los de su escolta, muy alarmados. Todo Israel hizo gran duelo.

53Todos los países vecinos intentaron entonces exterminarlos, pues decían:

-No tienen jefe ni defensor. ¡Vamos a atacarlos y borrar su recuerdo de entre los hombres!

Explicación.

12,1-23 A juzgar por lo que venimos leyendo, el pacto con los romanos (cap. 8) no se había traducido en obras, o el autor se olvidó de consignarlo. El poder remoto de los romanos y sus promesas condicionadas no habían eximido a los judíos de luchar. A lo mejor algunos cambios de la situación se debieron a la vigilancia y la intervención del poder romano. No consta en estas páginas ni en otras fuentes.

Con todo, una alianza poco comprometida con los lejanos romanos podía ser siempre una defensa frente a los cercanos sirios. Especialmente en una época turbulenta de luchas dinásticas y cambios frecuentes de monarcas. Como se trata de simple renovación del tratado, el autor no da el texto ni el resumen.

Más importancia concede a la alianza con los espartanos. Pueblo de tradición militar, más que cultural, viejo enemigo de los atenienses. Jonatán parecía mirarlos como un contrapeso al expansionismo griego de los Seléucidas.

12,3 El encabezamiento indica que ahora el sumo sacerdote es a suprema autoridad del pueblo judío.

12,6-18 Más que un documento diplomático, esta carta parece una profesión de fe en el Señor y una proclamación de los propios méritos. Ambas cosas se pueden poner a cuenta del autor, deseoso de matizar y definir el sentido de la alianza. Los mitentes representan un gobierno sacro, con un sumo sacerdote a la cabeza y un Senado de representantes. Nadie lleva el título de rey.

Estas alianzas eran frecuentemente de "amistad y mutua defensa". Los judíos subrayan lo primero y minimizan lo segundo, como diciendo: "No es que nos haga falta, nos bastamos solos, con la ayuda de Dios..." En cambio, la amistad y hermandad se reafirman sin reservas, incluso apelando a la ficción de un parentesco ancestral. La promesa que convertía a Abrahán en padre de pueblos y reyes podía justificar la inserción de unos jafetitas en el tronco semítico.

12,7 Se refiere probablemente a Areo I (309-265) y a Onías I (323-300), en la época de los Diadocos o de los primeros reyes Seléucidas y Lágidas.

12,9 Los libros sagrados han reemplazado a los profetas. Con su Ley y sus ejemplos históricos, constituyen un estímulo suficiente y eficaz para la continuidad del pueblo. Más que en alianzas externas, el pueblo encuentra su identidad y cohesión en un principio interno, expresado en esas Escrituras. Por las leyes de ese libro han luchado hasta la muerte y han ido triunfando; con las historias de ese libro han mantenido un entusiasmo increíble; con los ejemplos de ese libro han aprendido a orar y confiar. La frase suena como eco triunfal opuesto a la persecución de Antíoco Epífanes, que inició una campaña para destruir todas las copias de esos libros sagrados (1,56-57). Así resulta la presente frase una clave de lectura del presente libro.

Con todo, la identidad sustancial y los libros que la garantizan no impiden las relaciones amistosas y fraternales con otros países. Mientras que los helenófilos sacrificaban parte de esos libros para aliarse con la nueva cultura griega.

Si el autor ha modificado el tenor de la carta, faltando a las reglas de la diplomacia, ha expresado algo cierto: para Jonatán y los suyos contaba más la fidelidad a Dios y a su palabra que las relaciones con otros pueblos.

12,11 "Hermanos" son en la terminología del Deuteronomio todos los israelitas. En tiempos de replegamiento interior es importante esa dilatación del término. No podemos despreciar el dato apelando a las convenciones diplomáticas, ya que el autor no se muestra propenso a respetarlas.

12,13-15 El párrafo resume en clave teológica las campañas de los hermanos hasta aquel momento: eran guerras defensivas.

12,16 El pacto con Roma no habla de fraternidad: son diversas las relaciones con Esparta y con Roma (también era distinto el poderío de ambas).

12,23 La expresión bucólica es en versión pacífica como la respuesta de Josafat a Ocozías en términos militares (1 Re 22,4)l.

12,24-38 La narración empalma con el final del cap. 11 por encima de la inserción sobre la actividad diplomática.

Una de las fórmulas tradicionales señala como fronteras de la tierra prometida "desde el paso de Jamat hasta el Torrente de Egipto", y las versiones del dominio davídico hablan de dominios "hasta el Gran Río" (=Éufrates). Es lo que encontramos en esta perícopa: Jonatán se sitúa en Jamat, como frontera de "su territorio"; Simón hace efectivo el control del litoral. Más aún: Jonatán puede internarse en Fenicia por Occidente y llegar hasta Damasco por Oriente: no como territorio propio y sí como en dominio. Y la capital de esa enorme extensión vuelve a ser Jerusalén, donde los jefes pueden emprender obras de defensa, como en otro tiempo los reyes.

Hay una diferencia capital: que todo ese poder es recibido, delegado. Jonatán es vasallo, mejor, gobernador de un rey extranjero; lo reconoce y lo acepta. Y símbolo de la soberanía extraña sigue siendo la acrópolis de Jerusalén: precisamente, la antigua "Ciudad de David". Para hacer la situación más ambigua reconocen como soberano suyo al hijo de un usurpador y combaten al rey legítimo, a quien ellos acaban de salvar la vida (11,48). En este cuadro ambiguo no hay que olvidar la presencia de otro partido judío, que quiere vivir en paz con los griegos y tener un sumo sacerdote legítimo.

12,31-32 Los zabadeos eran beduínos o seminómadas que habitaban en una zona al sudoeste de Damasco. En Damasco cumple Jonatán un simple viaje de inspección.

12,36 Después de repetidos intentos por conquistar y desalojar la acrópolis griega deciden aplicar el bloqueo comercial; era un método más eficaz y menos comprometido que una acción sangrienta.

12,39-48 No en combate abierto, sino a traición pudo ser vencido Jonatán -parece decimos el autor-; si Trifón quiere hacerse con el Imperio, primero tiene que deshacerse de Jonatán; si Trifón se acerca a los dominios de Judea con sus generales, Jonatán puede ir a su encuentro con un ejército mayor. Sólo con regalos y promesas pudo Trifón ganarse a Jonatán, que se mantenía leal al hijo de Alejandro Balas. No hacía mucho que los judíos habían salvado a Demetrio II en un motín popular; lo mismo podrían hacer ahora con Antíoco VI.

12,45 Tolemaida ocupaba una excelente posición estratégica marina, a occidente de la gran llanura de Esdrelón, es decir, a la altura de Galilea. Por un tiempo pudo ser rival de Antioquía. Como además le ofrecían el mando sobre una parte importante del ejército imperial, Jonatán se dejó encandilar. Probablemente cuando Trifón hizo la oferta contaba con la lealtad de la guarnición de Tolemaida y había dejado instrucciones precisas. Jonatán fue conducido así, amablemente, a la trampa (recuérdese el episodio de David en Queilá, 1 Sm 23). David había consultado el oráculo, Jonatán podía escuchar al menos a los sabios: Eclo 6,7; 7,25; 19,4.

12,52-53 La captura y la presunta muerte del jefe indican el final de un ciclo de liberación y el comienzo de otro ciclo de opresión (como en Jueces). El autor aplica del nuevo el esquema de la hostilidad universal (Sal 83), antes de comenzar el tercer ciclo, bajo el signo de Simón. Véanse: 3,20.35.52.58; 5,10; 6,12; 7,26.

1 MACABEOS. CAPÍTULO XI

 Tolomeo VI en Antioquía

111El rey de Egipto reunió un ejército numeroso, como la arena de la playa, e intentó apoderarse astutamente del Imperio de Alejandro, para anexionarlo a su propio Imperio. 2Marchó hacia Siria en son de paz, y la gente de las ciudades le abría las puertas y salía a recibirlo, pues el rey Alejandro había dado orden de hacerle recibimientos, por ser su yerno. 3Pero a medida que entraba en las ciudades, Tolomeo iba dejando en todas una guarnición militar.

4Cuando llegaron cerca de Asdod le enseñaron el santuario incendiado de Dagón, Asdod y sus alrededores en escombros, los cadáveres esparcidos y los cuerpos calcinados en la guerra con Jonatán (pues los habían amontonado a lo largo del camino). 5Le contaron lo que había hecho Jonatán, para que el rey lo reprobara; pero el rey calló.

6Jonatán salió a recibirlo en Jafa, fastuosamente. Se saludaron y pernoctaron allí. 7Luego Jonatán acompañó al rey hasta el río Eléutero y regresó a Jerusalén. 8Pero el rey Tolomeo se apoderó de las ciudades de la costa hasta Seléucida del Mar, tramando planes siniestros contra Alejandro, 9y envió al rey Demetrio unos embajadores con este mensaje: <<Vamos a hacer un pacto; te daré a mi hija, la mujer de Alejandro, y reinarás en el Imperio de tu padre. 10Estoy arrepentido de hacerle dado mi hija, pues ha intentado matarme>>.

11(Lo calumnió porque codiciaba su Imperio).

12Le quitó su hija y se la dio a Demetrio. Así rompió con Alejandro, y su enemistad se hizo pública.

13Tolomeo entró en Antioquía y se ciñó la corona de Asia; así, ciñó su frente con dos coronas: la de Egipto y la de Asia.

14El rey Alejandro estaba en Cilicia por aquel entonces, porque se habían sublevado los de aquellas provincias. 15Pero, en cuanto se enteró, marchó contra Tolomeo para atacarle. Tolomeo salió a enfrentarse con él con un ejército poderoso, y lo hizo huir. 16Alejandro huyó a Arabia en busca de protección, mientras que el rey Tolomeo quedaba vencedor.

17El árabe Zabdiel decapitó a Alejandro y envió la cabeza a Tolomeo. 18El rey Tolomeo murió dos días después, y los habitantes de las plazas fuertes asesinaron a las guarniciones acantonadas allí.

Demetrio II y Jonatán

19Demetrio subió al trono el año ciento sesenta y siete.

20Por entonces Jonatán reunió a los de Judá para atacar la acrópolis de Jerusalén e instaló en ellas muchas máquinas de guerra.

21Unos malos patriotas, apóstatas, fueron a decir al rey que Jonatán tenía cercada la acrópolis. 22El rey se puso furioso al oírlo, y emprendió inmediatamente la marcha hacia Tolemaida; escribió a Jonatán que no continuara con el asedio y que fuera a entrevistarse con él cuanto antes en Tolemaida.

23Cuando Jonatán se enteró, ordenó continuar el asedio; escogió senadores de Israel y sacerdotes, y se lanzó al peligro. 24Con plata y oro, ropas y otros muchos regalos, fue a presentarse al rey en Tolemaida, y lo halló favorable. 25Algunos compatriotas apóstatas lo acusaban, 26pero el rey lo trató como sus predecesores, honrándolo ante todos sus amigos; 27lo confirmó en el puesto de sumo sacerdote y las demás dignidades que tenía antes, y lo puso en el rango superior de los grandes del reino. 28Jonatán pidió al rey que eximiera de impuestos a Judá y los tres distritos de Samaría, y le prometió unos nueve mil kilos de plata. 29El rey lo aprobó, y le escribió sobre este punto la siguiente carta:

30<<El rey Demetrio saluda a su hermano Jonatán y al pueblo judío. 51Os enviamos, a título de información, copia de la carta que escribimos a nuestro pariente Lástenes acerca de vosotros: 32"El rey Demetrio saluda a su pariente Lástenes. 33Por sus buenos sentimientos hacia nosotros, hemos determinado favorecer a nuestros amigos los judíos, que respetan nuestros derechos. 34Les confirmamos los límites territoriales de Judá y los tres distritos de Samaría -Ofrá, Lida y Ramá- que se añadieron a Judá, con todos su anejos, en beneficio de los sacerdotes de Jerusalén, como compensación por los impuestos que pagaban al rey anualmente por los productos agrícolas y la fruta. 35En cuanto a los demás ingresos nuestros a los que tenemos derecho, los diezmos y los tributos de las salinas y las coronas, se los cedemos desde este momento. 36En una determinación irrevocable, que surtirá efecto a partir de hoy. 37Proveed a sacar una copia, que entregaréis a Jonatán y la expondréis en el monte santo, en un sitio visible">>.

38Cuando el rey Demetrio vio que el país quedaba tranquilo bajo su mando, eliminada toda resistencia, licenció todas sus tropas, cada uno a su casa, excepto los mercenarios extranjeros que había reclutado en ultramar. Así se ganó la malquerencia de los soldados movilizados en tiempo de sus antepasados. 39Entonces Trifón, antiguo partidario de Alejandro, al ver que todos los soldados protestaban contra Demetrio, se presentó a Imalcúe, el árabe preceptor de Antíoco, hijo de Alejandro, 40y le urgió a que se lo entregara para entronizarlo como sucesor de su padre. Le contó lo que había hecho Demetrio y lo impopular que era entre sus soldados. Trifón se quedó allí muchos días.

41Jonatán envió a pedir al rey Demetrio que retirara a los de la acrópolis de Jerusalén y a las guarniciones de las plaza fuertes, que traían en jaque continuamente a Israel. 42Demetrio le remitió esta respuesta: <<Por ti y por tu pueblo no sólo haré eso, sino que os colmaré de honores, a ti y a tu pueblo, en cuanto tenga ocasión. 43Ahora hazme el favor de enviarme gente que luche en mi favor, porque todos mis soldados han desertado.>> 44Jonatán le envió tres mil hombres aguerridos a Antioquía. Cuando se presentaron al rey, éste se alegró de su llegada.

45La población, unas ciento veinte mil personas, organizó una manifestación en el centro de la ciudad con el intento de asesinar al rey. 46El rey se refugió en palacio; los vecinos de la ciudad ocuparon las salidas de la villa y empezaron el asalto. 47Entonces el rey llamó a los judíos en su ayuda; inmediatamente se congregaron todos en torno de él; luego se esparcieron por la ciudad, y mataron aquel día a unos cien mil, 48e incendiaron la ciudad, después de recoger muchos despojos. Así salvaron al rey.

49Al ver los de la ciudad que los judíos se habían apoderado de la villa a placer, se acobardaron y clamaron al rey, suplicándole:

50-Hagamos las paces, y que los judíos dejen de atacarnos a nosotros y a la ciudad.

51Rindieron las armas e hicieron la paz. Los judíos subieron en el concepto del rey y de todos los súbditos de su Imperio; luego regresaron a Jerusalén con muchos despojos.

52El rey Demetrio ocupó su trono real, y el país quedó en paz bajo su mando. 53Pero no cumplió ninguna promesa; se distanció de Jonatán, y en vez de pagarle los buenos servicios le dio mucho que sufrir.

Intrigas de Trifón

54Después de estos sucesos volvió Trifón con Antíoco, un muchacho muy joven todavía, que subió al trono y se ciñó la corona. 55Se le sumaron todos los soldados que había licenciado Demetrio de mala manera; atacaron a Demetrio, y éste, derrotado, tuvo que huir. 56Trifón se apoderó de Antioquía utilizando los elefantes.

57El joven Antíoco escribió a Jonatán: <<Te confirmo en el puesto de sumo sacerdote, te pongo al frente de los cuatro distritos y te confirmo grande del reino>>. 58Y le envió una vajilla de oro con todo el servicio completo, autorizándole a beber en copas de oro, a vestirse de púrpura y usar hebilla de oro. 59A su hermano Simón lo nombró gobernador militar en la zona que comprende desde la Escala de Tiro hasta la frontera de Egipto.

60Jonatán marchó a hacer un recorrido por la región y las ciudades del otro lado del río Éufrates. Todo el ejército se le agregó como aliado. Al llegar a Ascalón, los habitantes de la ciudad lo recibieron con todos los honores. 61De allí marchó a Gaza, pero los de Gaza le cerraron las puertas; entonces la cercó; saqueó los alrededores y los incendió. 62Los de Gaza pidieron la paz a Jonatán; se la concedió, pero retuvo como rehenes a los hijos de las autoridades y los envió a Jerusalén. Luego prosiguió su viaje a través del país, hasta Damasco.

63Cuando se enteró de que los oficiales de Demetrio se encontraban en Cades de Galilea con un gran ejército, en plan de estorbarle su proyecto, 64salió a hacerles frente, dejando en la región a su hermano Simón. 65Simón cercó Betsur, la atacó durante muchos días, apretando el asedio. 66Los de la ciudad le pidieron la paz, y se la concedió; pero les hizo evacuar la ciudad, la ocupó y puso en ella una guarnición.

67Jonatán y su ejército acamparon junto al lago de Genesaret; de madrugada fueron a la llanura de Jasor 68y se encontraron con que el ejército de extranjeros avanzaba hacia ellos por la llanura y les había puesto emboscadas en los montes; ellos iban de frente. 69Cuando surgieron los emboscados y se trabó el combate, 70todos los de Jonatán huyeron; no quedó ni uno, fuera de Natatías, de Absalón, y Judas, de Alfeo, oficiales del ejército.

71Jonatán se rasgó las vestiduras, se echó tierra a la cabeza y oró. 72Luego volvió a la lucha contra el enemigo y les hizo emprender la huida. 73Al ver esto, los que se le habían marchado, se le incorporaron de nuevo, persiguieron juntos al enemigo hasta su campamento de Cades y acamparon allí. 74Los extranjeros tuvieron aquel día unas tres mil bajas. Jonatán volvió luego a Jerusalén.

Explicación.

11 Derrotado el ejército de Apolonio y relegado a un margen Demetrio, el autor ve el campo ocupado por tres piezas que comienzan a moverse; es como si un jugador invisible las moviese para sus fines superiores. En teoría, son tres aliados en buenas relaciones: Tolomeo, suegro y protector de Alejandro; Alejandro, soberano y protector de Jonatán, y Jonatán, aliado y defensor de Alejandro, simpatizante de Tolomeo. Los tres se mueven observándose mutuamente.

Tolomeo emprende un viaje familiar, una visita a su hija y al yerno: en su intención es un viaje de ocupación, casi de conquista. Por medio de su hija cree poseer a Alejandro; por medio de éste quiere dominar a Siria. El sueño de los Lágidas, un tiempo de realidad, el viejo sueño de los faraones parece que va a cumplirse otra vez.

Jonatán acompaña solícito al monarca egipcio y va observando por el camino cómo se acantonan las guarniciones egipcias; y se detiene pasado Trípoli, sin propasarse cerca de Antioquía. Vuelve a su capital y espera prudentemente: sabe que los de Asdod lo han acusado y que Tolomeo ha disimulado. Parece haber comprendido las intenciones del egipcio y no quiere dar ocasión o pretexto para represalias.

Alejandro, según otras fuentes, había intentado matar a Tolomeo por medio de un sicario llamado Amonio. La noticia encajaría muy bien en el carácter de Balas y en una política de deslealtades: recibir al suegro con todos los honores; como yerno, procurarse el mando de Egipto. El autor no dice nada en descrédito de un hombre que había concedido el sumo sacerdocio a Jonatán, y echa la culpa del conflicto a Tolomeo.

En el cambio de política, la hija de Tolomeo volvió a ser la baza jugada y la señal pública de ruptura. Demetrio II resultó ser el nuevo protegido: tenía mejores derechos para ceñir la corona, pero la recibía del favor y protección de Tolomeo. Es decir, Demetrio, como rey de Siria, quedaba sometido al Lágida; como rey de la parte oriental, era soberano. 

11,1 Comparación clásica de ejércitos: Jue 7,12; 1 Sm 13,5; 2 Sm.

11,2 Los habitantes de la zona, nunca estables en sus simpatías, tenían mejor recuerdo del dominio Lágida; en aquel momento les ofrecía más garantías de estabilidad.

11,3 Las guarniciones debían mantener sumisa a la población, controlar la vía del mar, impedir cualquier penetración por el mar.

11,5 Dado que Jonatán había luchado contra Apolonio, general de Demetrio II, en teoría esos cadáveres pertenecían al enemigo. De aquí se deduce la táctica cruel y violenta del judío, que hizo pagar a ciudades y poblaciones de la costa su posición y un posible apoyo forzado al invasor. Si Tolomeo se hacía cargo de la zona, tendría a raya al belicoso vecino de la montaña de Judea.

11,8 Seleucia el Mar era un puerto de gran valor estratégico: se encontraba en la desembocadura del Orentes, frente a Chipre y las costas de la Cilicia. Remontando el río se llegaba pronto a la capital, Antioquía.

11,9-10 Con toda la costa bien controlada a sus espaldas, cerrando a Balas por el mar, mientras Demetrio amenazaba por el norte, Tolomeo juzgó llegado el momento. Podemos suponer que su hija había bajado desde Antioquía a recibir a su padre. Tolomeo había sacado ya bastante partido del usurpador Balas y podía desentenderse de él; el nuevo protegido no podría fácilmente desbancar a su protector. El autor ve en el suceso "planes siniestros" y calumnias.

11,13 Es lo que había intentado Antíoco Epífanes y no pudo realizar por la oposición romana: 1,16. Según otros historiadores, hubo un motín en la capital y Alejandro Balas hubo de huir.

11,14 La rebelión en Cilicia se veía atizada o favorecida por la presencia de Demetrio por aquella zona.

11,15-18 La batalla se libró junto a un río en la llanura de Antioquía: Alejandro, derrotado, tuvo que huir; Tolomeo fue herido mortalmente. En el espacio de cuatro días morían los dos rivales, dejando el terreno libre al Seléucida. A Tolomeo VI Filométor sucedió Tolomeo VII Evergetes. Arabia significa aquí uno de los pequeños reinos o principados árabes diseminados por la región, que disfrutaban de una limitada y benévola autonomía y tenían que congraciarse con los soberanos o mantenerlos contentos.

11,19 Año 145. Las cosas volvían a su cauce para ventaja del monarca seléucida. ¿También de Jonatán?

11,20 La fecha está indicada vagamente. Es razonable suponer que Jonatán decidiese atacar la acrópolis durante el reinado de Alejandro; quizá cuando se volvió de acompañar a Tolomeo. Los preparativos llevarían algún tiempo, y la noticia de que Demetrio II era el nuevo rey de Siria pudo llegar durante el asedio. Los del partido filohelénico, como otras veces y según los convenios, denunciaron el hecho al nuevo rey y éste exigió cuentas a Jonatán.

En la entrevista, el judío consiguió un triunfo diplomático que el autor no subraya suficientemente; como si le interesasen  más los triunfos militares. Demetrio tenía motivos para desconfiar de Jonatán, incluso para castigarlo: había sido desleal a su padre siguiendo el partido del usurpador Alejandro, había cortejado a Tolomeo y ahora se aprestaba a cortar el cordón umbilical que unía Jerusalén con Antioquía. Muy hábilmente hubo de hablar Jonatán para convencer a Demetrio de que le convenía vivir en buenas relaciones con los judíos de su partido. Reforzó sus razones con la promesa de dinero en contante, necesidad permanente del rey para sus campañas militares y su administración civil.

11,20 Véase la concesión de 10,32.

11,21 Los del partido filohelénico tenían muy buenas razones para desacreditar al rival y estaban seguros de tomarse el desquite. La noticia demuestra que la división interna de los judíos continuaba y que los monarcas sirios no la eliminaron de raíz.

11,27 Otra vez Jonatán acepta que el cargo de sumo sacerdote sea confirmado por el rey pagano.

11,30 Demetrio I se había dirigido sólo al "pueblo judío" (10,26).

11,31 Lástenes había mandado a los mercenarios cretenses cuando Demetrio II volvió de Creta a Cilicia (10,67).

11,33-35 El tenor de la carta y lo que sigue muestran que Jonatán reconocía la soberanía de Demetrio, renunciaba a conquistar la acrópolis, limitaba su expansión territorial al norte (Samaría), sin penetrar en la costa. Indican también un deseo de colaboración y no de rebeldía. En aquel momento, salvar lo conseguido era más valioso que arriesgarse.

11,37 Promulgada la carta en el corazón de Jerusalén, la voluntad del rey tuvo a raya a los filohelenistas; pero éstos sabrían leer e interpretar los silencios (si no son cosa del autor del libro). Triunfaba el status quo: Jonatán tenía que renunciar a una política totalitaria, los rivales seguían instalados en la capital.  Y seguía la hostilidad de los dos partidos, sensible a cualquier cambio político.

11,38 Cambio que no se hace esperar, y nace de la habilidad de los monarcas Seléucidas para sembrar el descontento entre sus súbditos y hacerlos olvidar el descontento suscitado por el monarca precedente. Las ambiciones de los cortesanos causaban o fomentaban situaciones semejantes.

Dos cortesanos se oponían entonces: Lástenes, que gozaba de la confianza de Demetrio, y un tal Trifón, que había servido a Alejandro Balas y aguardaba la ocasión para volver al poder. Esta se presentó con el licenciamiento de tropas continentales. Licenciar tropas en aquel tiempo significaba dejar a una multitud heterogénea sin oficio y sin paga, sin esperanza de botín o de un retiro como colono. En el caso presente se daba una agravante: que mientras las tropas "paternas" (veteranos reclutados en las provincias de Asia) eran licenciadas, conservaban su puesto los mercenarios importados de islas y costas. No es difícil ver la mano de Lástenes detrás de estas medidas: con ellas lograba un control militar no repartido y tenía menos gente a quien repartir dinero.

Vencidos los enemigos externos, Demetrio crea con un decreto un poderoso enemigo interior.

11,39-40 Hacia falta dar una cabeza legítima a ese enemigo. Trifón eligió al hijo de Alejandro Balas, un muchacho de cinco o seis años, a quien podría controlar fácilmente. Por si fuera poco, a la sedición de los soldados se iba a sumar el motín de la población en la capital.

11,41-48 Al observar los comienzos de la sedición y el debilitarse del poder real, Jonatán aprovechó el momento para pedir al rey que despejase de tropas la acrópolis y las plazas fuertes, probablemente las de 9,50-52. La petición significa que los poderes de Jonatán seguían limitados y controlados. El rey puso como condición que fuera a ayudarle contra los revoltosos; Jonatán no había licenciado sus tropas ni las había dejado inactivas. El bandolero acosado por los montes de hace unos años se convierte en salvador del rey Seléucida.

El autor no desaprovecha este momento de gloria sin dolerle las víctimas de la empresa. Aunque los números sean exagerados, a gloria de su héroe, la lucha dentro de la ciudad hubo de ser feroz: incendio de casas, matanza indiscriminada de ciudadanos, pánico de los restantes, saqueo de la capital. Los de Jonatán, sueltos en la capital del Imperio: la ironía del destino resultó cruel. "Así salvaron al rey": a costa de sus súbditos y de parte de su capital. ¿Tanto le debían a Demetrio?, ¿o tanto esperaban de él? Habían dado a todos, rey y ciudadanos, una demostración de poder.

11,51 Y eso lo considera el autor como un ganar "gloria" y "fama"; significa que se hacían temer y respetar.

11,52-53 El rey se contentó con dejarles el producto del saqueo como recompensa militar. No retiró las tropas sirias de la acrópolis de Jerusalén ni parece que ratificase la exención de algunos impuestos. Para Jonatán, el gesto era como una ruptura de relaciones latente, que se hará pública en la primera ocasión.

11,54-56 Parece repetirse la historia de Lisias con Antíoco Eupátor: el Imperio Seléucida estaba en decadencia. Otra vez la nación se encuentra dividida, porque los dos hijos repiten la lucha de los padres: Demetrio I contra Alejandro Balas, Demetrio II contra Antíoco hijo de Balas.

11,55-62 En cambio, Jonatán, desde su puesto de Jerusalén, era casi un árbitro de los destinos del reino. Trifón aprecia el peso militar de los judíos y hace que el rey niño otorgue honores y aumente el poder del vasallo judío. Simón es nombrado gobernador militar del litoral desde Fenicia hasta Egipto; así se adelanta en el escenario el próximo sucesor de Jonatán. Este, a juzgar por su expedición, recibió algún cargo a Occidente del Éufrates. Son expediciones que sirven para someter las poblaciones al nuevo rey, cosa que van haciendo unas de buena gana y otras a la fuerza.

11,63-64 Demetrio había logrado huir con sus tropas mercenarias escogidas, probablemente con Lástenes y sus chipriotas. Viendo el peso que tenía Jonatán en la balanza del poder, decidió desbaratarlo cuando volvía de Damasco y se disponía a atravesar Galilea.

11,67-73 En este momento, poco antes de que desaparezca el segundo hermano y le suceda Simón, el autor le dedica una batalla hiperbólica, fantástica: él solo, con dos oficiales y la ayuda del cielo, pone en fuga un ejército de millares y devuelve el valor a sus propios desertores; solo y rodeado de enemigos, tiene tiempo para un rito de oración y penitencia. Una especie de Josué en Gabaón, sin tormenta y aguacero. Su oración no es menos eficaz, porque es el sumo sacerdote que intercede sustentando la suerte de todo el pueblo.

Sólo le falta un triunfo diplomático para pasar a la historia como digno sucesor de Judas: es el tema del próximo capítulo.

1 MACABEOS. ÍNDICE.

  1 MACABEOS. INTRODUCCIÓN. 1 MACABEOS. CRONOLOGÍA. 1 MACABEOS. CAPÍTULO I 1 MACABEOS. CAPÍTULO II 1 MACABEOS. CAPÍTULO III 1 MACABEOS. CAPÍ...