viernes, 9 de julio de 2021

1 MACABEOS. CAPÍTULO IX

 Muerte de Judas

91Pero Demetrio, en cuanto oyó que Nicanor y su ejército habían sucumbido en el combate, volvió a enviar a Báquides y Alcimo al territorio de Judá con el ala derecha el ejército. 2Emprendieron la marcha por el camino de Guilgal, tomaron al asalto Mesalot de Arbela y asesinaron a mucha gente. 3El mes primero del año ciento cincuenta y dos acamparon frente a Jerusalén, 4pero luego partieron de allí, camino de Berea, con veinte mil de infantería y dos mil jinetes.

5Judas acampaba en Elasa con tres mil soldados, 6y al ver la enorme muchedumbre del enemigo se aterrorizaron; muchos desertaron del campamento, y sólo quedaron ochocientos. 7Judas vio que su ejército se deshacía precisamente cuando era inminente la batalla, y se descorazonó, porque ya no era posible reunirlos. 8Aunque desalentado, dijo a los que quedaban:

-¡Hala, contra el enemigo! A lo mejor podemos presentarles batalla.

9Los suyos intentaban convencerle:

-Es completamente imposible. Pero si salvamos ahora la vida, volveremos con los nuestros, y entonces les daremos la batalla. Ahora somos pocos.

10Judas repuso:

-¡Nada de huir ante el enemigo! Si nos ha llegado la hora, muramos valientemente por nuestros compatriotas, sin dejar una mancha en nuestra fama.

11El ejército enemigo salió del campamento y formó frente a ellos, con la caballería dividida en dos cuerpos, y los honderos y arqueros delante del ejército, los más aguerridos en primera fila. Báquides iba en el ala derecha. 12La falange avanzó por ambos lados, a toque de corneta. 13Los de Judas también tocaron las cornetas, y el suelo retembló por el fragor de los ejércitos. El combate se entabló al amanecer y duró hasta la tarde.

14Judas vio que Báquides y lo más fuerte del ejército estaba a la derecha; se le juntaron los más animosos, 15destrozaron el ala derecha y la persiguieron hastas los montes de Asdod. 16Pero cuando los del ala izquierda vieron que el ala derecha estaba destrozada se volvieron en persecución de Judas y sus compañeros. 17El combate arreció, y hubo muchas bajas por ambas partes. 18Judas cayó también, y los demás huyeron.

19Jonatán y Simón recogieron el cadáver de su hermano Judas y lo enterraron en la sepultura familiar, en Modín. 20Lo lloraron, y todo Israel le hizo solemnes funerales, entonando muchos días esta elegía:

21<<¡Cómo cayó el valiente,

salvador de Israel!>>

22No hemos escrito otros datos de la historia de Judas, sus hazañas militares y sus títulos de gloria, porque fueron muchísimos.

Jonatán y Báquides

23Después que murió Judas, por todo el territorio israelita asomaron de nuevo los apóstatas y reaparecieron todos los malhechores. 24El país se pasó a su bando, pues por entonces hubo un hambre terrible. 25Báquides eligió a unos impíos y los puso al frente del gobierno de la zona. 26Daban batidas siguiendo el rastro de los del partido de Judas, y se los llevaban a Báquides, que los castigaba escarneciéndolos.

27Israel cayó en una tribulación tan grande como no la había habido desde que cesaron los profetas.

28 Todos los partidarios de Judas se reunieron y dijeron a Jonatán:

29-Desde que murió tu hermano Judas no hay un valiente como él que guíe la lucha contra el enemigo, ese Báquides y los que odian a nuestro pueblo. 30Por eso te elegimos hoy a ti para que sustituyas como jefe y caudillo que dirija nuestra guerra.

31En aquel mismo instante tomó el mando Jonatán, sucediendo a su hermano Judas. 32Báquides se enteró y quería matarlo; 33pero en cuanto lo supieron Jonatán, su hermano Simón y todos sus camaradas, huyeron al páramo de Tecua y acamparon junto a la cisterna de Asfar.

34Báquides lo supo un sábado, y fue él en persona con todo su ejército a la otra orilla del Jordán.

35Jonatán envió a su hermano al frente de la comitiva, a pedir a sus amigos los nabateos que les cuidaran todo el bagaje, que era mucho. 36Pero los hijos de Jambrí, de Madabá, salieron y capturaron a Juan con todo lo que tenía, y se marcharon llevándoselo todo.

37Más tarde comunicaron a Jonatán y su hermano Simón:

-Los hijos de Jambrí celebran una boda de postín; a la novia, hija de uno de los ricos de Canaán, la llevan desde Madabá en un gran cortejo.

38Recordando el asesinato de su hermano Juan, subieron a ocultarse al reparo del monte. 39Levantaron la vista y vieron, en medio de una gran algazara y una caravana de regalos, al novio, que avanzaba hacia el cortejo de la novia con sus amigos y parientes, al son de la música, de tamboriles y otros instrumentos. 40Los de Jonatán salieron de la emboscada y se lanzaron contra ellos para matarlos. Hirieron a muchos, y los supervivientes escaparon al monte. Les quitaron todo el botín, 41y la boda se cambió en luto, y el canto de los músicos en elegía. 42Así vengaron la muerte de su hermano. Luego se volvieron a las marismas del Jordán.

4Cuando Báquides lo supo se fue un sábado hasta las riberas del Jordán con un gran ejército. 44Jonatán dijo a los suyos:

-¡En pie! Luchemos por la vida, que hoy no es como antes. 45Mirad, estamos entre dos frentes, y a los lados tenemos el Jordán con la marisma y su maleza; no hay donde batirse en retirada. 46Así que gritad al cielo para que nos salve de nuestros enemigos. 47Se trabó el combate. Jonatán alargó el brazo para herir a Báquides, pero éste lo esquivó echándose atrás. 48Jonatán y os suyos se echaron al río y lo atravesaron a nado hasta la otra orilla; el enemigo no pasó el Jordán en su persecución. 49Báquides tuvo aquel día unas mil bajas; 50luego se volvió a Jerusalén y edificó fortalezas en Judá, las plazas fuertes de Jericó, Emaús, Bejorón y Betel, Timná, Piratón y Tefón, con murallas altas, puertas y cerrojos. 51En todas ellas acuarteló guarniciones para hostilizar a Israel.

52Fortificó también la ciudad de Betsur, Guézer y la acrópolis, y dejó en ellas tropas y depósitos de víveres. 52Tomó como rehenes a los hijos de las autoridades de la zona y los encarceló en la acrópolis de Jerusalén.

54 El año ciento cincuenta y tres, el segundo mes, Alcimo ordenó derribar el muro del atrio interior del templo, destruyendo la obra de los profetas*. 55Empezó el derribo, pero precisamente entonces Alcimo sufrió una enfermedad que detuvo sus planes; la parálisis le cerró la boca de forma que no podía hablar ni hacer testamento. 56Y así murió entonces, entre enormes dolores.

57Cuando Báquides vio que había muerto Alcimo, regresó adonde el rey. Judá quedó en paz durante dos años.

58todos los apóstatas deliberaron:

-Ahí tenéis a Jonatán y los suyos, tranquilos y confiados. Pues bien, traeremos a Báquides para que se apodere de todos ellos en una noche.

59Fueron a verlo y parlamentaron con él.

60Báquides se puso en marcha con un gran ejército. Envió instrucciones secretas a todos sus aliados para que apresaran a Jonatán y sus compañeros; pero no lo consiguieron, porque se descubrió su plan. 61Jonatán y los suyos apresaron a unos cincuenta hombres de la región, de los principales conspiradores, y los mataron. 62Jonatán y Simón se retiraron con su gente a Betbasí del Páramo, reconstruyeron lo que estaba en ruinas y la fortificaron. 63En cuanto se enteró Báquides, reunió todas sus tropas y avisó a los de Judá; 64llegó a Betbasí, la cercó y la atacó durante muchos días, emplazando máquinas de asalto.

65Jonatán dejó a su hermano Simón en la ciudad, salió hacia el campo y se puso en marcha con unos cuantos. 66Derrotó a Odomera y sus parientes, y a los hijos de Farisón en su campamento. Luego empezaron a repartir golpes, avanzando por entre el ejército. 67Entonces Simón y los suyos hicieron una salida e incendiaron las máquinas de asalto. 68Lucharon contra Báquides y lo derrotaron; quedó profundamente humillado, porque su plan y su campaña habían sido inútiles. 69Entonces se encolerizó contra los apóstatas que le habían aconsejado la expedición, mató a muchos y decidió volverse a su tierra.

70Al enterarse Jonatán, le envió embajadores para tratar con él la paz y la devolución de los prisioneros. 71Báquides los recibió, accedió a su petición y juró a Jonatán no hacerle más daño en toda su vida. 72Le devolvió los prisioneros que había hecho en Judá, y regresó a su tierra, sin volver a hacer incursiones en territorio judío.

73La espada descansó en Israel. Jonatán vivió en Micmás; empezó a gobernar al pueblo, y barrió a los impíos del territorio israelita.

Explicación.

9 El capítulo empalma directamente con el cap. 7, saltándose el pacto con Roma. La derrota y afrenta de Nicanor provocan una tercera expedición contra los judíos rebeldes; una expedición que termina con la muerte de Judas y el debilitamiento de su causa.

9,1-22 El autor quiere rodear esta muerte de todos los honores y de las necesarias excusas. Está la enorme desproporción numérica; pero no mayor que en ocasiones precedentes, cuando el Señor dio la victoria a los débiles. Lucha con valor hasta el final, infligiendo fuertes bajas al enemigo. La arenga final es un grito de valor desesperado, que arrastra a los suyos.

En buena lógica militar, sus soldados llevaban la razón: había que retirarse sin pérdidas, rehacerse y esperar la ocasión oportuna. No sería la primera vez que Judas rehuía la batalla abierta; ¿o es que el jefe se ha embriagado de victorias?

Esa lógica militar fallaba en aquel momento: ¿por qué? Dos datos parecen explicarlo: la deserción de muchos, el desaliento consiguiente del jefe. La deserción pudo precipitarse a la vista del numeroso enemigo; pero probablemente ya fermentaba entre muchos a raíz del nuevo régimen de tolerancia religiosa: ¿por qué luchaban y exponían la vida?, ¿no habían conseguido ya su objetivo?, ¿no ofrecía Alcimo una alternativa preferible? Una vez que se admite la duda, permanece dentro en incubación silenciosa. Judas no logra disipar esas dudas, ya no convence como antes.

El mismo jefe siente desánimo ante las deserciones y eso lo hace dudar de sí mismo: ¿está seguro de poder llevar adelante la causa?, ¿podrá seguir convenciendo a los suyos hasta llegar a vencer? Si se arriesga ahora, puede tener fortuna una vez más. Y si muere, legará una memoria, un ejemplo, una inspiración a la causa. Un mártir por la causa puede ser el gran modo de convencer en estos momentos.

Así lo ha visto el autor (con menos análisis). La batalla, vista con ojos enemigos, consiste en un replegarse tácticamente por un lado, a costa de algunas bajas, atraer al contrario lejos de su campamento y envolverlo por el otro lado con la caballería. Una trampa en la que no debería caer un capitán experto. Vista por el narrador, se parece a una victoria espectacular sobre un ala del ejército (el ala que se repliega), ochocientos contra diez mil, seguida de una lucha encarnizada contra la otra ala, hasta la derrota.

9,2 Quizá se deba leer Galilea. Allí, cerca del lago de Genesaret, había grupos rebeldes refugiados en una zona de cavernas escalonadas en las rocas. Demetrio comienza liquidando esos focos dispersos de resistencia. 

9,4 Berea se encuentra a 16 kilómetros al norte de Jerusalén.

9,7 "Se descorazonó": es la fórmula de Sal 34,18, donde se afirma que Dios está cerca (también Is 57,15).

9,10 El motivo de la fama se invoca también en 2,51; 3,3.

9,12-13 El autor confiere solemnidad clásica a esta batalla, con conmoción de la tierra, para glorificar al caído (véanse, en contexto de teofanía, Miq 1,4; Nah 1,5; Hab 3,6).

9,18 La concisión es aquí el recurso estilístico del autor.

9,19-21 No se nos dice cómo los hermanos se hicieron con el cadáver: ¿por concesión de Báquides? El general sirio pudo considerar el asunto liquidado y evitó ensañarse con los pocos rebeldes restantes. Si el cadáver lo hubieran rescatado en un acto de valentía temeraria (como los de Yabés el cadáver de Saúl, 1 Sm 31,11-13), el autor nos lo habría contado. Otra vez, como a la muerte de Matatías (2,70), es "todo Israel" quien llora a Judas (los del partido filohenista no pertenecen a Israel). El dístico o estribillo se inspira en la elegía de David por Saúl y Jonatán (2 Sm 1,19.27); el título de "salvador" les corresponde a varios Jueces.

9,22 Judas es el gran héroe de la resistencia. Su nombre es cifra del pueblo judío, y sus hazañas, el verdadero cimiento de la independencia. Su muerte reavivó el espíritu de lucha, gracias al cual se realizó el nuevo reino judío.

9,23-73 En el espacio de 51 versículos el autor comprime un proceso importante: la primera parte de un nuevo ciclo. Están muy claros el comienzo y el final y bastante confuso el camino intermedio. Comienzo y final se modelan según el esquema clásico del libro de los Jueces: comienza el esquema en un momento de depresión nacional y termina el esquema en un tiempo de paz y prosperidad. Al principio domina la derrota militar, el hambre, el triunfo de los filohelenistas; al final se ha acreditado un jefe, vencedor de los apóstatas. El esquema se modifica en otros puntos: no se habla de un pecado, aunque la apostasía y el poder de Alcimo pueden ser a la vez pecado y castigo; el jefe surge por nombramiento popular, no por irrupción carismática del espíritu. Más aún, actúan motivos familiares apoyando la sucesión, cosa que evita cuidadosamente el modelo de los Jueces. Así se sintetizan esquema teológico y realidad histórica.

En medio nos sirven unos cuantos episodios, que ni justifican ni explican el cambio de situación. El episodio de los nabateos está bien contado, pero se reduce a una venganza brutal sin consecuencias. La escaramuza junto al Jordán termina con la huida de los Leales. La muerte de Alcimo, aunque sea juicio de Dios, ha clausurado una etapa de fortificaciones y derribos. El episodio de Betbasí desemboca inesperadamente en un cambio psicológico de Báquides.

9,23-27 La pintura está simplificada y exagerada en función de la composición. En realidad, el partido filohelenista había continuado su actividad, poseía la acrópolis, contaba con el sumo sacerdote, con buena parte del pueblo, con desertores de Judas. Se puede admitir que la muerte del caudillo fortaleciera la política de sumisión pacífica, buenas relaciones culturales y libertad religiosa. Sólo que las represalias internas del partido filohelenista reavivaron el ideal de independencia total en los que seguían fieles a la memoria de Judas.

El autor no habla de ejecuciones, sino de humillaciones públicas (véase, por ejemplo, Jue 16,25.27, Sansón burlado): como si la táctica fuera desacreditar a los partidarios de la rebelión, demostrando quizá su debilidad y lo absurdo de sus pretensiones. La afrenta es uno de los temas tradicionales de la persecución (2 Mac 7).

9,23 En este verso resuena Sal 92,8, que es un salmo de esperanza y acción de gracias.

9,25 "Impíos": del partido filohelénico.

9,28-33 El momento es parecido al comienzo de la revuelta. Un jefe formaliza la rebelión, su apellido proclama la continuidad. El nombramiento es una provocación al poder imperial y al gobierno legítimo impuesto por los griegos. Otra vez Báquides tiene que actuar militarmente, pues no basta el método precedente de represalias. Y el menor de los hermanos, con sus soldados, familias y posesiones, se echa al desierto. A una zona modelada para el escondite y la huida rápida, cerca del Mar Muerto y el Jordán, en torno a una cisterna que asegura el bien más difícil, el agua. La situación, comparada con las campañas victoriosas de Judas al oeste y al este del Jordán, significa un retroceso grave de la causa y a la vez una tenacidad heroica de los continuadores.

9,30 Como a Jefté, Jue 11,6-8.

9,34-42 La impedimenta de los fugitivos resulta gravosa y peligrosa, especialmente si incluía familias y ganado. En vez de renunciar a esas posesiones, Jonatán decide enviarlas a Transjordania, dejándoselas en custodia a los nabateos. Estos beduinos habían informado a Judas, cuando su campaña en Transjordania (5,25), y no ganaban nada con el dominio seléucida; podían considerarse amigos. Un grupo de ellos, el clan de Jambrí obró con perfidia, cobrando un botín fácil e indefenso.

La venganza miraba sobre todo a la muerte de Juan, uno de los hermanos, y quizá de otras personas inocentes. El modo brutal de realizarla, matando a inocentes, parece indicar la debilidad del grupo de Jonatán y también la dificultad de encontrar un blanco compacto en aquellos caravaneros. No sabemos si tal acción contribuyó a la fama de Jonatán.

9,41 El dístico parece imitación de Am 8,10.

9,43-48 Jonatán se encontraba todavía al oriente del Jordán y se refugió en la maleza espesa, junto a la margen cenagosa de la corriente. El agua y la maleza eran un escondite y una defensa; pero se convirtieron en grave amenaza cuando el enemigo los sorprendió allí. Lo cual supone un buen servicio de espionaje y rapidez de acción de parte del general. Cogidos en la trampa, sólo una maniobra rápida y audaz podía salvarlos: Jonatán en persona se lanzó inesperadamente contra el jefe enemigo, el cual tuvo que ceder un poco, y los judíos aprovecharon el momento para ganar a nado la otra orilla. Así nos presenta el narrador los sucesos, mostrándonos la presencia de ánimo y el valor del nuevo jefe. Pero para una escaramuza que es más bien una huida, mil bajas enemigas resultan sospechosas; ¿intervino realmente el jefe supremo en la operación? En el caso semejante de David, Saúl en persona dirigía la persecución; pero eran otros tiempos y otras dimensiones.

Lo que si es cierto es que el recurso de atacar en sábado ya no funcionaba a aquellas alturas.

9,49-56 Báquides empleó una nueva táctica: en vez de perseguir a los guerrilleros en su elemento, les cerró todo acceso a la zona urbana, fortificando y guarneciendo una cadena de lugares estratégicos, entre ellos la acrópolis de Jerusalén. Buena parte de la población aprobaba tales medidas.

Por el norte formaban un semicírculo (de izquierda a derecha) Emaús, Bejorón, Betel y Jericó; en el camino sur-norte hacia Samaría se escalonaban Timná, Tefón y Piratón; Betsur protegía la frontera sur, con los idumeos, mientras que Guézer controlaba la Sefela, colindante con el litoral. Esto era adelantarse a los rebeldes, en caso que éstos prosperasen. Los rehenes servían para disuadir a los gobernantes judíos de cualquier veleidad política.

Simultáneamente, el sumo sacerdote hacía obras de reforma en el templo: mandó derribar el muro interno que separaba el atrio exterior, accesible a los paganos, del atrio interior, reservado a los judíos. No sabemos las razones de Alcimo: quizá para crear un espacio libre y unificado, quizá para atraer a paganos simpatizantes. Sí sabemos la interpretación del autor: era deshacer la obra de Ageo y Zacarías y atentar contra la misión profética de defender el muro en torno al pueblo (Ez 13,5); era una profanación en contraste con la purificación realizada por Judas. Por esta acción sacrílega, Dios lo castiga con parálisis progresiva hasta la muerte (recuérdese la concepción del Cronista, por ejemplo, 2 Cr 26).

9,54 * = Ageo y Zacarías.

9,57 El laconismo de la información nos deja en la ignorancia: ¿por qué se volvió Báquides a Antioquía?. ¿lo exigían asuntos de la corona o del Imperio?, ¿estaba cansado de las rivalidades internas de los judíos? Es curioso que al marchar no nombrase un sumo sacerdote adicto a los griegos; en cambio, dejaba detrás una cadena de plazas fortificadas. Y es aún más extraño que su ausencia inaugurase una etapa de paz. Podemos conjeturar que el partido filohelénico, aunque había perdido su jefe, no se sentía gravemente amenazado, y que, por su parte, Jonatán consideró más prudente esperar y ganar tiempo. Es interesante esta etapa en que los dos rivales se observan, sin que ninguno tome la iniciativa, pensando los dos que el tiempo trabaja a su favor. Jonatán se retiró quizá a Modín, su patria: "confiado", pero con un servicio eficaz de espionaje; indudablemente contaba con simpatizantes diseminados por el país.

9,58 El autor hace culpables del primer movimiento hostil a los del partido rival, "todos los apóstatas". Otra vez Báquides, quizá no muy a gusto, tuvo que intervenir. Lo han convencido pintándole la empresa como fácil y segura, lo han sacado de la corte, lo han metido otra vez en las rivalidades judías. ¡Y lo primero que le sirven es un fracaso!

9,61 El asesinato de cincuenta "conspiradores" era una provocación como la que un día realizó Matatías, haciendo estallar la revuelta. Era la rotura de hostilidades, y Báquides se encontró más metido en el asunto sin poder esquivarlo. 1 Mac 2,24.

9,62 El nuevo refugio de Jonatán indica un cambio de táctica. No es desierto, apto para los movimientos rápidos, para eludir la persecución, para los grupos pequeños. Ahora se construyen una fortaleza en unas ruinas abandonadas. La localidad se encuentra a media distancia entre Belén y el Mar Muerto, estratégicamente encaramada, abastecida de agua de cisternas. Desde allí podían hacer incursiones peligrosas y podían recogerse sin exponerse cruzando el Jordán. Allí había que buscar a los rebeldes para descastarlos.

9,63 "Los de Judá" son sus aliados del partido filohelénico, los que lo habían llamado para un asunto fácil. Es posible que le volvieran a pintar muy sencilla la empresa de conquistar la fortaleza improvisada de Betbasí. Báquides se internó por terreno accidentado, poco favorable a un ejército regular; al llegar vio que la fortaleza exigía un asedio en regla.

9,65-68 Jonatán hizo una salida burlando el sitio, atacó a unos beduinos que podían auxiliar o avituallar a los de Báquides y se lanzó por la espalda contra los sitiadores. Atrapado entre dos frentes, el ejército de Báquides fue derrotado.

9,69 Aquí sucede el inesperado cambio de partido: el general vencido descarga su malhumor contra los consejeros que lo habían llevado al fracaso; puesto a tratar con judíos, le resultaba más fácil tratar con Jonatán. Y Jonatán aprovechó el momento psicológico para parlamentar hábilmente. El autor nos ha dado en este desenlace un proceso psicológico: humillación por la derrota, irritación contra los consejeros, venganza contra ellos, intervención conciliante de Jonatán, firma de un acuerdo de no agresión.

9,73 Al final el autor finge una era de paz bajo el gobierno de Jonatán. Pero Jonatán había firmado simplemente un pacto de no agresión, había prometido estarse quieto. Además reside en Micmás, un lugar vecino a Betel, con recuerdos del comienzo de la monarquía; si es el que gobierna, ¿por qué no reside en Jerusalén? También es dudoso que, comenzando a eliminar o desterrar rivales, cumpliera la promesa y asegurase su lento ascenso. El autor recurre aquí a fórmulas del esquema, y la eliminación de los "impíos" es como la antigua excomunión o proscripción de los malvados. Jonatán dio en su carrera muestras de habilidad diplomática: nos podemos imaginar los cinco años de paz como una esperanza paciente, ganándose adeptos y simpatizantes, hasta que la política externa le acercase el momento oportuno. Siendo de linaje sacerdotal, debió de aprovechar también la falta de un sumo sacerdote.

1 MACABEOS. CAPÍTULO VIII

 Judas pacta con Roma 

81Judas había oído hablar de los romanos: que eran muy poderosos, benévolos con sus aliados y que hacen pacto de amistad con cuantos acudían a ellos. 2Le contaron sus hazañas militares en as Galias: cómo las habían conquistado, sometiéndolas a tributo; 3y todo lo que habían hecho en tierras de España para apoderarse de las minas de plata y oro que hay allí, 4cómo habían sabido mantener su dominio en todo el país con paciencia y prudencia, y eso que estaba muy lejos. A los reyes que les habían atacado desde los confines de la tierra los habían derrotado aplastándolos definitivamente; los demás les pagaban un tributo anual. 5Habían derrotado y sometido a Filipo, a Perseo, rey de Macedonia, y a los que se le habían sublevado; 6derrotaron también a Antíoco el Grande, rey de Asia, que salió a atacarles con ciento veinte elefantes, caballería, carros y muchísima infantería; 7lo apresaron vivo, y quedó obligado, él y sus sucesores en el trono, a pagar un fuerte tributo, a entregar rehenes y ceder la India, Media y Lidia, 8las mejores provincias del rey; cuando los romanos las recibieron se las dieron al rey Eumenes. 9También los griegos proyectaron una campaña para aniquilar a los romanos, 10pero al enterarse éstos del proyecto mandaron contra ellos a un solo general: entraron en combate e hicieron muchas bajas a los griegos, se llevaron cautivos a las mujeres y niños, saquearon el país y lo sometieron, derribaron las plazas fuertes y los redujeron a esclavitud perpetua. 11Aniquilaron y esclavizaron los restantes reinos, las islas, a cuantos les opusieron resistencia; en cambio, se mantenían fieles a sus amigos y a los que se ponían bajo su protección. 12Dominaron a reyes vecinos y lejanos. Cuantos oían hablar de ellos los temían. 13Aquellos a quienes quieren ayudar en sus pretensiones al trono, llegan a reyes; a los que quieren cambiar, los destituyen. Están en la cima del poder. 14Y con todo esto ni uno de ellos ha ceñido la corona ni se ha vestido de púrpura para aumentar su autoridad. 15Han formado un Senado, y diariamente deliberan trescientos veinte senadores, buscando siempre el bien público. 16Confían cada año el poder y el gobierno del país a un solo hombre; todos le obedecen, sin envidia ni rivalidades.

17Judas eligió a Eupólemo, hijo de Juan, de Acos, y a Jasón, hijo de Lázaro, y los envió a Roma para firmar un tratado de amistad y mutua defensa, 18con la intención de sacudirse el yugo griego, pues veían que el Imperio griego estaba esclavizando a Israel.

19Partieron para Roma, un viaje larguísimo. Y al entrar en el Senado hablaron así:

20-Judas Macabeo, sus hermanos y el pueblo judío nos han enviado aquí para hacer con vosotros un tratado de paz y mutua defensa, de manera que seamos contados entre vuestros aliados y amigos.

21Los senadores aprobaron la petición.

22Copia de documento que escribieron en tablillas de bronce, y mandaron a Jerusalén para que quedase allí como documento fehaciente del pacto de paz y mutua defensa:

23<<¡Gocen bienestar perpetuo romanos y judíos en tierra y mar! ¡Lejos de ellos la espada enemiga!

24>>Pero si estalla la guerra contra Roma o uno de sus aliados en el Imperio, 25el pueblo judío luchará a su lado con toda el alma, conforme lo exijan las circunstancias, 26a los enemigos no les darán ni suministrarán alimentos, armas, dinero, naves. Es decreto de Roma. Cumplirán estas cláusulas sin compensación alguna.

27>>Igualmente, si estalla una guerra contra el pueblo judío, los romanos lucharán a su lado decididamente, conforme lo exijan las circunstancias, 28y no darán a los enemigos alimentos, armas, dinero ni naves. Es decreto de Roma. Observarán estas cláusulas lealmente>>.

29En estos términos quedaba estipulado el pacto de los romanos con el pueblo judío.

30<<Y si más adelante alguna de las partes quisiera añadir o rescindir algo, se hará de común acuerdo, y lo añadido o rescindido tendrá fuerza de ley.

31>>En cuanto a los daños que les ha causado el rey Demetrio, ya le escribimos en los siguientes términos: "¿Por qué oprimes tiránicamente a nuestros amigos y aliados los judíos? 32Si se nos vuelven a quejar de ti, defenderemos sus derechos atacándote por tierra y mar">>.

Explicación.

8 Habiendo abierto una etapa de paz, el autor la aprovecha para introducir unos pactos a mayor gloria del Macabeo. Entran en escena los romanos: la entrada es alegre e ilusionada, como en un matrimonio juvenil por amor; a la larga se revelará fatal, como un matrimonio por interés y sin amor. El odio que suscitarán más tarde los romanos será uno de los factores que pesarán para excluir el presente libro del canon judío.

La potencia militar romana era indiscutible; ¿lo era también su lealtad? Un examinador cauteloso habría dudado; uno que necesitase ayuda o quiere justificar un pacto prescinde de los datos negativos.

El elogio de los romanos, es cierto, está presentado como informe que Judas recibe; la imagen se fue tomando con informaciones acumuladas. Pero el autor no hace nada por subrayar el carácter de puro informe y hace mucho para mostrar que lo acepta con entusiasmo. Traza un elogio prematuro, sin reservas y sin matices.

A juzgar por la cantidad de datos y la acumulación de verbos, lo que más impresiona a Judas son las victorias militares de los romanos.

Al ser utilizada la fórmula sintáctica, "a pesar de todo", podríamos pensar que lo más impresionante de los romanos era su moderación política en medio del poderío: estaban "en la cima del poder" sin encaramarse a la soberbia.

Por la situación concreta, lo que pesa más en la balanza es la lealtad con los aliados (v. 1.12). Aunque tal lealtad no fuera perpetua, bastaba para las necesidades del momento. Y sobre todo para darse el gusto de oponerla a la perfidia griega.

Judas elegía entre la sumisión total (18) y un protectorado (12). Por victorias militares también los sirios merecían admiración; y, según el partido filohelenista, la sumisión pacífica no turbaba la libertad religiosa. Pero el autor escribe como partidario de los Macabeos.

El tratado se define "de amistad y mutua defensa". En forma y contenido se parece a otros firmados por Roma con príncipes locales: las tablas de bronce, la cláusula de no ayudar al enemigo de la otra parte, la promesa un poco vaga de ayuda militar, la cláusula sobre futuras adiciones o supresiones.

Con este pacto entre Judas en la complicada red de las alianzas romanas, pues se compromete también a ayudar a los "aliados del Imperio". Si el pacto se empezó a negociar después de la victoria sobre Nicanor, significa que Judas se consideraba verdadero jefe y representante de los judíos y no reconocía la autoridad civil de Alcimo y su partido. El pacto se define "con el pueblo judío".

8,2 Propiamente la Galia Cisalpina (200-189).

8,5 A Filipo V, en Cinoscéfalos (197), a Perseo, en Pydna (168).

8,6 A Antíoco III en Magnesia (189).

8,7 No es cierto que lo apresaran vivo, pero sí lo demás. Entre los rehenes se contó el hijo, Antíoco Epífanes.

8,8 India y Media pertenecen a la exageración legendaria. El rey citado es Eumenes II de Pérgamo, aliado fiel de Roma.

8,9-10 La sumisión total y definitiva de Grecia tuvo lugar el 146, a consecuencia de la rebelión de la liga aquea. El autor adelanta acontecimientos para enriquecer su elogio de Roma.

8,14 1 Mac 14,43-39.

8,16 En rigor, el gobierno estaba confiado a dos cónsules. "Sin envidia ni rivalidades" alude malignamente a los Seléucidas.

8,17-19 El viaje tuvo que ser peligroso, pues los legados tenían que eludir la vigilancia siria; es probable que una parte se hiciera por mar.

8,20 "Judas y sus hermanos" son como la partida del senado en oposición al pueblo: senatus populusque romanus.

8,31-32 La frase está redactada en puro estilo hebreo: puede ser un resumen libre del autor. Demetrio había pasado muchos años en Roma, como rehén, y debía comprender el peso de la amenaza. En el capítulo próximo (suponiendo el orden cronológico) no parece que lo tomase muy en serio. A lo mejor Demetrio contaba con senadores romanos que apoyaban su causa, o pensaba que en aquel momento los romanos no querían una confrontación total.

1 MACABEOS. CAPÍTULO VII

 Demetrio I (2 Mac 14,1-10)

71El año ciento cincuenta y uno Demetrio de Seleuco se marchó de Roma, desembarcó con unos pocos en una ciudad de la costa y allí empezó su reinado.  2Cuando iba a entrar en el palacio real de sus antepasados, las tropas apresaron a Antíoco y Lisias para llevárselos a Demetrio. 3Se lo dijeron a Demetrio, y respondió:

-¡Ni verles la cara!

4Entonces los soldados los mataron, y Demetrio subió al trono imperial. Todos los israelitas apóstatas e impíos se le presentaron, guiados por Alcimo, que aspiraba al cargo de sumo sacerdote 6y acusaron al pueblo ante el rey:

Judas y sus hermanos han exterminado a todos su s partidarios, y a nosotros nos ha expulsado de nuestro país. 7Envía a uno de tu confianza a inspeccionar los destrozos que nos ha causado Judas, a nosotros y a tu provincia, y a castigarlos a ellos y a cuantos les apoyan.

8El rey eligió a Báquides, grande del reino, gobernador de la zona allende el río, hombre influyente y de su confianza. 9Lo envió con el impío Alcimo, confirmado en el cargo de sumo sacerdote, con orden de castigar a los israelitas. Partieron. Entraron en Judá con un ejército numeroso, y mandaron una embajada a Judas y sus hermanos, con ofertas fingida de paz. 11Pero al verlos los judíos con un ejército numeroso no hicieron caso a la embajada; 12no obstante, una comisión de letrados se reunió con Alcimo y Báquides para buscar una solución justa; 13los primeros en pedir la paz por parte de los israelitas eran los leales, 14porque decían:

-El que ha venido con el ejército es un sacerdote de la estirpe de Aarón; no nos va a traicionar.

15Báquides habló con ellos en son de paz y les juró:

-No os maltrataremos, ni a vosotros ni a vuestros amigos.

16Ellos le creyeron. Entonces arrestó a sesenta y los mató en un solo día, según aquel texto de la Escritura:

17<<Han echado

en torno a Jerusalén

los cadáveres

y derramado la sangre

de tus fieles,

y nadie los entierra>>.

18A la gente le entró pánico ante los invasores. Se comentaba:

-No tienen sinceridad ni honradez; han faltado a su palabra y a su juramento.

19Después Báquides marchó de Jerusalén para acampar en Betsaida. Mandó apresar muchos de los suyos, que habían desertado, y a algunos del pueblo, y los asesinó y arrojó a la cisterna grande. 20Dejó la provincia en manos de Alcimo, con un destacamento para apoyarlo, y se volvió adonde el rey. 21Alcimo tuvo que luchar para defender su cargo de sumo sacerdote; 22se le unieron todos los agitadores del pueblo y se adueñaron de Judá, haciendo un estrago enorme en Israel.

23Cuando vio Judas que Alcimo y su gente hacían más daño a los israelitas que los paganos, 24salió por todo el territorio de Judá para castigar a los desertores e impedirles hacer correrías por la región. 25Y al ver Alcimo que Judas y los suyos se rehacían, comprendió que no podría resistirles, y se volvió al rey, con gravísimas acusaciones.

Derrota de Nicanor (2 Mac 14,12-36)

26Entonces el rey envió a Nicanor, uno de sus más famosos generales, enemigo mortal de los israelitas, con el encargo de exterminar al pueblo. 27Nicanor llegó a Jerusalén con un gran ejército, y envió a Judas y sus hermanos este mensaje, con palabras fingidas de amistad:

28-No nos peleemos. Yo saldré con unos pocos para celebrar con vosotros una entrevista amistosa.

29Llegó a donde Judas, y se saludaron amistosamente, pero los enemigos estaban preparados para secuestrar a Judas. 30Judas se enteró de que la visita de Nicanor era una trampa, y le tomó tal miedo que no quiso volver a verlo. 31Entonces Nicanor se dio cuenta de que su plan había sido descubierto, y salió a luchar contra Judas, junto a Cafarsalán. 32Nicanor tuvo unas quinientas bajas, y los demás huyeron a la Ciudad de David.

33Después de estos sucesos, Nicanor subió al monte Sión. Algunos sacerdotes y ancianos del pueblo salieron del templo para saludarle amistosamente y mostrarle el holocausto que se ofrecía por el rey. 34Pero él los escarneció, se burló de ellos, les escupió, profiriendo insolencias, 35y juró encolerizado:

-Si no me entregáis ahora mismo a Judas y su ejército, cuando yo vuelva victorioso incendiaré este templo.

Y salió enfurecido.

36Los sacerdotes entraron, y en pie frente al altar y el santuario dijeron entre lágrimas:

37-Tú elegiste este templo dedicado a tu Nombre para que sirviera a tu pueblo de casa de oración y súplica. 38Castiga a ese hombre y a su ejército. ¡Que caiga a filo de espada! Recuerda sus blasfemias, no les des reposo.

39Nicanor salió de Jerusalén y acampó en Bejorón; allí se le añadió un ejército sirio.

40Judas acampó en Adasa con tres mil hombres, y rezó así:

41-Cuando los embajadores del rey blasfemaron, salió tu ángel y les mató a ciento ochenta y cinco mil. 42Aplasta hoy igualmente a este ejército ante nuestros ojos, para que sepan todos que blasfemó contra tu templo. ¡Júzgalo como merece su maldad!

43Los ejércitos entraron en combate el trece de marzo. El ejército de Nicanor fue derrotado; él mismo cayó el primero en la batalla, 44y sus soldados, al ver que había caído Nicanor, arrojaron las armas y huyeron. 45Los judíos los persiguieron una jornada, desde Adasa hasta Guézer, tocando a rebato detrás de ellos. 46De todas las aldeas judías a la redonda salió gente para copar a los fugitivos, que se volvían unos contra otros; todos cayeron a espada, no quedó ni uno. 47Luego agarraron el botín y los despojos. A Nicanor le cortaron la cabeza y la mano derecha, que había extendido insolentemente, y las llevaron para colgarlas frente a Jerusalén.

48El pueblo se alegró muchísimo, y festejaron aquel día por todo lo alto. 49Determinaron celebrar anualmente aquella fecha, trece de marzo.

50Judá tuvo paz por algún tiempo.

Explicación.

7 Este capítulo nos abre una ventana a la compleja situación que sigue a la muerte de Antíoco Epífanes y a la paz de Lisias. La persecución religiosa queda formalmente abolida, sin que la autonomía política sea un hecho. Judas Macabeo había conseguido la libertad religiosa; en adelante no podía invocar el motivo religioso para justificar su rebeldía. A los ojos del rey y de muchos israelitas su rebelión era política, de partido; luchaba por una interpretación rígida e intransigente de las leyes patrias.

Para entender algo de la situación tenemos que hacernos cargo de los personajes y partidos que intervienen en el drama.

a) En Siria aparece Demetrio frente a Antíoco V con Lisias. Antíoco III había sido padre de Seleuco y Antíoco: le sucedió el primogénito, que reinó como Seleuco IV, y a éste le sucedió su hermano Antíoco Epífanes. El hijo de Seleuco se llamaba Demetrio, heredero legítimo, pero impedido como rehén en Roma; por eso ocupó el trono su primo Antíoco V, el hijo de Epífanes. En Antioquía había un fuerte partido legitimista, que consideraba a Demetrio legítimo heredero y estaba descontento con Lisias y su protegido. Para cambiar la situación hacían falta dos cosas: que se declarase la debilidad interna de Lisias y su rey que Demetrio pudiera burlar la vigilancia romana.

Lo primero sucedió bien pronto, y la paz con el Macabeo pudo interpretarse como síntoma de debilidad; lo segundo sucedió una vez muerto Octavio, probablemente con el apoyo de Tiberio Graco y la complicidad espontánea o comprada de algunos sirios y romanos.

Demetrio logró huir y embarcarse en una nave fenicia, rumbo a la costa de Siria, y desembarcó en Trípoli, a casi 300 kilómetros de Antioquía. Allí logró afirmarse y ciñó la corona como sucesor legítimo del rey de Siria. Cuando sus partidarios de la capital se enteraron de este primer éxito, precipitaron los acontecimientos, derrocando al rey niño y a su tutor. En lugar de Lisias es nombrado un fiel partidario: Báquides. Tenemos, pues, en Antioquía, al cabo de dos años, un nuevo rey, que hereda el poder de los Seléucidas, sin la intolerancia cruel e inexorable de Epífanes.

b) En Jerusalén se reaviva la lucha entre el partido filohelenista, favorable a la apertura cultural, y el partido de los intransigentes, capitaneados por Judas. El Macabeo tenía de su parte a los leales, a muchos sacerdotes, a parte del pueblo. Mientras en Jerusalén se celebraba el culto legítimo, los soldados de Judas acampaban a razonable distancia de la capital.

No sabemos cuándo el sumo sacerdote intruso, Menelao, fue reemplazado por un tal Joaquín o Alcimo (nombre helenizado), que de corazón o por oportunismo militaba en el partido colaboracionista.

Es decir, que las hostilidades son ante todo entre dos partidos judíos, ambos enarbolando la bandera del bien del pueblo. El autor nos da la versión del partido macabeo, con suficientes datos para desenredar la maraña; otras fuentes antiguas completan el cuadro. La persecución había dado la razón al Macabeo; la tolerancia ¿no daba la razón a los filohelenistas?

7,1 Año 151.

7,3 La respuesta de Demetrio es ambigua: deja entender sus deseos, no da órdenes. Sería peligroso enemistarse con los romanos, que apoyaban a Antíoco, y también sería peligroso dejar con vida al rival. Recuérdese la carta de Jehú a los notables de Yezrael (2 Re 10).

7,5-6 La expresión está muy calculada: "Los apóstatas e impíos... acusaron al pueblo"; como quien dice, los apóstatas no pertenecen al pueblo. Pero con razón llaman éstos a Judea "nuestro país"; se ve que el destierro forzado o voluntario era una de las táctica del partido de los Macabeos.

7,8 Se entiende desde el Éufrates a la frontera de Egipto, o sea la parte occidental del Imperio, que había estado bajo la autoridad de Lisias (3,32).

7,9 El adjetivo "impío" es valoración del autor; se ve que los sacerdotes de Jerusalén no hacían un juicio tan desfavorable. Todo se presenta como negociaciones pacíficas; y no hay que olvidar que seguía en vigor la paz firmada por Lisias y Antíoco V.

Si se toma "los israelitas" en sentido universal, la frase es tendenciosa. Si se refiere a algunos israelitas, es verdadera.

7,14 Nm 18,1-7.

7,16-18 No cabe duda que Báquides cometió un error, y que habría conseguido mucho más por el camino de la convicción. Faltando a la palabra dada y ejecutando a un grupo significativo de patriotas de los Leales, el gobernador desencantó a muchos del pueblo y justificó la reacción de Judas. Es posible que los jefes del movimiento filohelénico reclamasen esa venganza concreta de sus rivales, como indica el verso 7. La división de los judíos era difícil de sanar.

7,17 Sal 79,2-3.

7,19 Es ambiguo el sentido de "desertores": puede significar miembros del partido de Judas, que lo han abandonado para pasarse al sirio; Báquides no les perdona, por este gesto, las culpas cometidas. Podría significar desertores de su propio ejército. Si "pueblo" designa a judíos, la primera interpretación es más probable; "pueblo" podría designar también a civiles en oposición a militares. A la luz de todo el contexto, parece que el autor sigue describiendo las represalias contra los del partido de Judas.

7,20-25 Alcimo queda como sumo sacerdote, gobernador de la provincia y jefe de un destacamento militar. Y estalla la guerra civil entre los judíos. Es como si Báquides encomendase a un judío arreglar los asuntos de los judíos, mientras la situación no amenazase a la seguridad del Imperio. Sobre la situación y los acontecimientos puede leerse 2 Mac 14.

Alcimo confiaba en su autoridad y el apoyo de muchos para restablecer la paz en un clima de simpatía para los griegos; había triunfado su partido, gracias al apoyo real, y deseaba mantener una situación muy semejante a la de los tiempos de Antíoco III. Los del partido de Judas, que aspiraban quizá a la independencia nacional, no aceptaron la derrota y se volvieron otra vez contra sus paisanos; lo hicieron con más experiencia y valor y probablemente con métodos más contundentes. Cuando Alcimo vio que no lograba controlar a los del partido opuesto, recurrió de nuevo a la protección del rey.

Legalmente Judas era un rebelde contra las autoridades establecidas. El autor reparte adjetivos y predicados desde su punto de vista, conseguido el triunfo final de los Macabeos. ¿Sospechaba Alcimo que Judas ambicionaba el cargo de sumo sacerdote, apoyado en su linaje y en su prestigio popular? (Es lo que iba a suceder más tarde con su hermano Simón). Acudiendo de nuevo al rey, Alcimo comprometía su figura religiosa y política ante muchos judíos.

7,22 Jue 9,4.

7,26-50 Así llega la segunda etapa: ya no es Báquides, sino un general experimentado y enemigo de los judíos patriotas (que el autor denomina "el pueblo"). El destino de Nicanor está comprimido en tres actos brevísimos: primero, un intento de traición fracasado (apenas descrito por el autor); segundo, el insulto público a los sacerdotes del templo, y tercero, la batalla en campo abierto, terminad con la muerte del general y la desbandada del ejército. Véase 2 Mac 14-15.

7,26-32 El intento de traición pudo prolongarse durante las negociaciones. Nicanor no venía con intenciones de aniquilar; quería desarticular el grupo de rebeldes, y para ello le bastaba con capturar y eliminar a su jefe. Cuando Judas cayó en la cuenta de tales intenciones, rompió radicalmente las negociaciones y logró vencer al enemigo en una escaramuza preliminar, ordenada a capturarlo o matarlo en el campo de batalla. La Ciudad de David es el nombre antiguo y venerable de la ciudadela griega.

7,33-36 Nicanor se dirigió a su residencia lógica, la ciudadela de Jerusalén, y desde allí hizo una visita al vecino templo. Como reinaba oficialmente la paz y la tolerancia religiosa, los sacerdotes lo recibieron amistosamente, o convencidos y ganados para la nueva situación, o temerosos de provocar innecesariamente al jefe extranjero; entre los sacerdotes no aparece Alcimo, que se encontraba probablemente en Antioquía. Con increíble falta de tacto, Nicanor hirió en su honor y celo religioso a los sacerdotes; su amenaza contra el templo tuvo que irritar también a la población. Su intento era, con amenazas, quebrantar en los sacerdotes toto intento o veleidad de connivencia con el Macabeo. Recuérdese el episodio de los sacerdotes de Nob (1 Sm 21-22).

7,37-38 La breve plegaria es densa por su alusión a la plegaria de Salomón (1 Re 8) y por el lenguaje inspirado en los salmos.

7,43-50 Nicanor, o confiado en su superioridad bélica, o ansioso de liquidar pronto aquel foco rebelde, murió en la batalla y su ejército se dispersó. El autor cuenta este desenlace con la terminología del libro de los Jueces, como cerrando un ciclo liberador. En realidad, la paz no duró tanto, y Judas se acercaba a su muerte; esto prueba también la intención esquemática del autor.

7,46 Jue 7,24s.

7,47 1 Sm 31,9s.

7,50 Jue 3,30.

1 MACABEOS. CAPÍTULO VI

 Muerte de Antíoco (2 Mac 9)

61El rey Antíoco recorría las provincias del norte cuando se enteró de que en Persia había una ciudad llamada Elimaida, famosa por su riqueza en plata y oro, 2con un templo lleno de tesoros: escudos dorados, lorigas y armas dejadas allí por Alejandro, el de Filipo, rey de Macedonia, que había sido el primer rey de Grecia. 3Antíoco fue allá e intentó apoderarse de la ciudad y saquearla; pero no pudo, porque los de la ciudad, dándose cuenta de lo que pretendía, salieron a atacarle. 4Antíoco tuvo que huir, y emprendió el viaje de vuelta a Babilonia, apesadumbrado.

5Entonces llegó a Persia un mensajero con la noticia de que la expedición militar contra Judá había fracasado. 6Lisias, que había ido como caudillo de un ejército poderoso, había huido ante el enemigo; los judíos, sintiéndose fuertes con las armas y pertrechos, y el enorme botín de los campamentos saqueados, 7habían derribado el ara sacrílega construida sobre el altar de Jerusalén, habían levantado en torno al santuario una muralla alta como la de antes, y lo mismo en Betsur, ciudad que pertenecía al rey.

8Al oír este informe, el rey se asustó y se impresionó, de tal forma que cayó en cama con una gran depresión, porque no le habían salido las cosas como quería. 9Allí pasó muchos días, cada vez más deprimido. 10Pensó que se moría, llamó a todos su grandes y les dijo:

-El sueño ha huido de mis ojos. Me siento abrumado de pena y me digo: 11<<¡A qué tribulación he llegado, en qué violento oleaje estoy metido, yo, feliz y querido cuando era poderoso!>> 12Pero ahora me viene a la memoria el daño que hice en Jerusalén, robando el ajuar de plata y oro que había allí y enviando gente que exterminase a los habitantes de Judá sin motivo. 13Reconozco que por eso me han venido estas desgracias. Ya veis, muero de tristeza en tierra extranjera.

14Llamó a Filipo, un grande del reino, y lo puso al frente de todo el Imperio. 15Le dio su corona, su manto real y el anillo, encargándole la educación de su hijo Antíoco y de prepararlo para reinar. 16El rey Antíoco murió allí el año ciento cuarenta y nueve. 17Cuando Lisias se enteró de la muerte del rey alzó por rey a su hijo Antíoco, criado por él de pequeño,, y le dio el sobrenombre de Eupátor.

Antíoco Eupátor. Paz

18Mientras tanto, los de la acrópolis confinaban a los israelitas en torno al templo, perjudicándoles continuamente y favoreciendo a los paganos. 19Judas se propuso acabar con ellos, y congregó a todo el ejército para asediarlos. 20Se concentraron todos y empezaron el asedio el año ciento cincuenta, con catapultas y máquinas de asalto. 21Algunos sitiados rompieron el cerco; se les juntaron algunos israelitas apóstatas 22y fueron a decirle al rey:

-¿Cuándo piensas hacer justicia y vengar a nuestros hermanos? 23Nosotros nos sometimos a tu padre voluntariamente, procedimos según sus instrucciones y obedecimos sus órdenes a a letra. 24El resultado es que nuestros compatriotas han cercado la acrópolis y nos tratan como extraños. Más aún, han matado a los que han pillado de los nuestros, han saqueado nuestras heredades, 25y no sólo extienden la mano contra nosotros, sino también contra todo vuestro territorio. 26Ahí los tienes, acampados ahora contra la acrópolis de Jerusalén, intentando conquistarla; han fortificado el santuario y Betsur, 27y si no les coges la delantera en seguida, se irán creciendo y no podrás detenerlos.

28El rey se encolerizó al oír esto. Convocó a todos los grandes del reino, jefes de infantería y de caballería. 29Y como también se le presentaron mercenarios del extranjero y de ultramar, 30su ejército contaba cien mil infantes, veinte mil jinetes y treinta y dos elefantes amaestrados para la lucha. 31Atravesando Idumea asediaron Betsur. La lucha se prolongó muchos días; prepararon máquinas de asalto, pero los sitiados hicieron una salida y las incendiaron, luchando valientemente.

32Entonces Judas levantó el cerco de la acrópolis y acampó junto a Bet* Zacarías, frente al campamento del rey. 33De madrugada, el rey hizo avanzar su ejército a toda prisa por el camino de Bet Zacarías. Las tropas se dispusieron a entrar en acción, y sonó la señal de ataque. 34A los elefantes les habían dado vino de uva y de moras, para excitarlos a la lucha. 35Los repartieron entre los escuadrones, asignando a cada elefante mil hombres con cota de malla y cascos de bronce, más quinientos jinetes escogidos: 36donde estaba un elefante, allí estaban ellos; adonde iba, iban ellos, sin separarse de él. 37Cada elefante llevaba encima, sujeta con un arnés, una torre de madera bien protegida. En cada torre iban el guía indio y cuatro guerreros, que disparaban desde allí. 38El resto de la caballería, protegido por las tropas de a pie, iba en las dos alas del ejército, para hostigar al enemigo.

39Cuando el sol relumbró sobre los escudos de oro y bronce, su reflejo en los montes los hizo reverberar como antorchas. 40Parte del ejército real estaba formado en las cumbres de los montes; otra parte en la ladera. Iban avanzando seguros y en perfecto orden. 41Estremecía oír el fragor de aquella muchedumbre en marcha y el entrechocar de las armas. Realmente era un ejército inmenso y poderoso.

42Judas y sus tropas avanzaron, y en el choque el ejército real tuvo seiscientas bajas. 43Lázaro, apodado Avarán, se fijó en un elefante engualdrapado con insignias reales que sobresalía entre los demás elefantes; creyendo que el rey iba allí, 44entregó su vid apara salvar a su pueblo y ganarse así renombre inmortal: 45corrió audazmente hacia el elefante, matando a diestra y siniestra por en medio del escuadrón, que se iba abriendo a ambos lados, 46se metió bajo el elefante y le clavó la espada; el elefante se desplomó encima de él, y allí murió.

47Al ver los judíos la fuerza impetuosa del ejército real retrocedieron. 48Los del ejército real subieron contra ellos hacia Jerusalén; el rey acampó con intención de invadir Judá y el monte Sión, 49hizo un tratado de paz con los de Betsur, que salieron de la ciudad (no tenían ya provisiones para resistir el asedio, porque era año sabático en el país). 50El rey ocupó Betsur y acantonó allí una guarnición para su defensa. 51Luego puso cerco durante muchos días al templo; instaló ballestas y máquinas de asalto, lanzallamas, catapultas, escorpiones y hondas. 52Los judíos hicieron también máquinas defensivas, y la lucha se prolongó muchos días. 53Pero cuando se acabaron los víveres en los almacenes, porque era año séptimo, y los que se habían refugiado huyendo a Judá desde el extranjero habían consumido las últimas provisiones, se quedaron pocos en el templo; 54el hambre apretaba, y se dispersaron cada cual por su lado.

55Lisias se enteró de que Filipo, a quien el rey Antíoco había confiado en vida la educación de su hijo Antíoco como sucesor, 56había vuelto de Persia y Media con las tropas de la expedición real y que intentaba hacerse con el poder. 57Rápidamente determinó partir, y dijo al rey, a los generales y a las tropas:

-Cada día somos menos, tenemos pocas provisiones y el lugar que atacamos está fortificado; los asuntos del reino son urgentes. 58Hagamos las paces con esa gente, firmemos un tratado con ellos y toda su nación, 59permitiéndoles vivir según su legislación, como hacían antes. Pues, enfurecidos por haberles abolido su legislación, nos han hecho todo esto

60El rey y los jefes aprobaron la propuesta; ofrecieron la paz a los judíos, y éstos la aceptaron. 61El rey y los jefes confirmaron el pacto con juramento, 62y así los judíos salieron de la fortaleza. Pero cuando el rey llegó al monte Sión y vio aquellas fortificaciones quebrantó el juramento y mandó derribar la muralla entera. 63Luego, a toda prisa, emprendió el regreso a Antioquía, y se encontró con que Filipo se había apoderado de la ciudad. El rey lo atacó y se la arrebató por la fuerza.

Explicación.

6,1-17 La muerte del perseguidor se prestaba a una patética elegía, al estilo de Is 14 o Ez 32; el autor de 2 Mac la ha explotado al máximo. Nuestro narrador se contenta con un breve discurso, un poco teatral, del rey moribundo. Su confesión no significa verdadera conversión, es solamente el reconocimiento tardío del propio fracaso culpable. Y la culpabilidad reconocida duplica el dolor del fracaso, según la doctrina tradicional (por ejemplo, Sal 70).

Narrativamente han sucedido dos situaciones semejantes, dos intentos de saquear templos. El segundo intento ha fracasado, el primero tuvo éxito. El rey reconoce que el primero ha sido la causa de sus desgracias. Es la perspectiva del autor; pues los saqueos de templos eran cosa ordinaria. Históricamente es cierto que la agresión contra el templo judío desencadenó la resistencia y la rebelión, con los sucesivos reveses para la monarquía seléucida. El autor quiere que veamos en este desarrollo histórico la dirección y el castigo de Dios. Porque, en su relación con el pueblo escogido, se deciden los destinos de los reyes.

Antíoco no se ha enfrentado personalmente con Judas y los suyos, se ha enfrentado con Dios, y Dios castiga su arrogancia.

6,1 El comienzo empalma directamente con 3,37, que hablaba de la partida del rey para Oriente. Elimaida era más bien una región, el antiguo Elam.

6,2 La noticia sugiere que Alejandro había respetado el templo y lo había enriquecido con sus exvotos. Pero notemos que se trata de informaciones comunicadas al rey, en las que había cabida para la leyenda.

6,3 El libro de 2 Mac explota el tema del saqueo de templos en la narración (cap. 3) y en el prólogo (cap. 1). La acumulación de tesoros en los templos es fenómeno constante de la religión. En la resistencia de la población se aunaban los motivos religiosos y políticos; y Antíoco no quiso arriesgarse en un asalto a la ciudad.

6,7 Naturalmente el adjetivo "sacrílega" del ara es lenguaje del autor, no del que informa a Antíoco.

6,8 La restauración del templo y la construcción de la muralla simbolizan el fracaso de la política de unificación cultural: Antíoco juzga lo mismo que el narrador. Los dos verbos predicados del rey recuerdan la fórmula de Sal 48,6: "al verla quedaron aterrados y huyeron despavoridos".

6,10 Sobre el insomnio, véase la expresión de Dn 2,1: con otra fórmula, Sal 76.

6,13 Morir en tierra extranjera es una desgracia redoblada (véase, por ejemplo, Am 7,17).

6,14-17 Como el heredero era todavía un niño -de nueve años, según otras fuentes- el cargo de preceptor equivalía al mando supremo. El rey destituye a Lisias, culpable inmediato de las derrotas en Palestina, y nombra un preceptor de su confianza. Pero Lisias se adelantó y se quedó con el mando efectivo (2 Mac 9,29 dice que Filipo se marchó espontáneamente). Esto fue semilla de discordias, que se resolverán a favor de los judíos.

6,18-22 La acrópolis seguía siendo la pesadilla de Judas en Jerusalén. Judas, confiado en sus victorias, en el apoyo de un sector amplio, y quizá en la menor edad del rey, decidió atacar. Pero se excedió en los cálculos. Lisias había sufrido dos derrotas y quería desquitarse; aunque el narrador presenta como protagonista al rey (de diez años), no es aventurado pensar que Lisias decidía y mandaba.

La acción de Judas había sido una provocación, pues había agredido a una polis con privilegios reales.

6,22-27 Este discurso de los delegados revela muy bien la división de los judíos. Lo que dicen responde a los hechos; pero escuchamos la burla irónica del autor cuando los hace decir "nos sometimos a tu padre".

6,28-31 La campaña está bien planeada: rodeando probablemente por la costa, penetran en el territorio sometido de Idumea y atacan la plaza fuerte de la frontera meridional. Es posible que por el camino se les sumaran idumeos ansiosos de revancha. Aquel año era sabático, es decir, no habían sembrado en otoño y tenían que alimentarse de las provisiones del año precedente (Lv 25). Se trataba de un barbecho ritual, en el que se repartía el esquema semanal del sábado a escala de años. La situación tiene una clara analogía con el ataque en sábado (2,32); son una excusa para las derrotas que el autor insinúa más que confiesa.

6,32 Casazacarías queda al norte de Betsur, al sudoeste de Jerusalén, lo cual significa una penetración del enemigo en territorio judío. Levantar el cerco de la acrópolis es ya un fracaso judío importante. * = Casa.

6,33-54 Lo que sigue también son derrotas. Judas aceptó la batalla, fue vencido y tuvo que retirarse a Jerusalén; de poco valió la hazaña individual de un judío, muriendo bajo el elefante, como otro Sansón incluso al final la salvación es limitada, pues el rey mandó derribar la muralla.

En la descripción de la batalla el autor se entusiasma, no sabemos si utilizando fuentes sirias. Su visión del ejército enemigo, del número, organización, del resplandor de las armas ladera abajo, delatan a un espectador entusiasta más bien que a un enemigo apasionado. Si fuera para exaltar la victoria propia... No podemos pensar que con ello quiera justificar la derrota, pues, de acuerdo con sus principios teológicos, el número de los enemigos no cuenta frente a la protección de Dios. En resumen, el autor se ha dejado llevar del gusto de contar y ha sacado una buena página narrativa.

6,43 Muerto el rey, la batalla estaba prácticamente decidida: recuérdese la orden del rey sirio en 1 Re 22,31 y la muerte de Holofernes en el libro de Judit.

6,46 Jue 16,29s.

6,49 Con la penetración siria, la fortaleza fronteriza de Betsur había quedado cortada, sin posibilidad de resistir. La caída de Betsur hace más dramática la situación de Jerusalén; el autor utiliza hábilmente el dato. ¿No caerá del mismo modo Jerusalén? En efecto, el hambre se hará sentir más gravemente en la capital.

Toda esta situación de asedio y hambre, de una plaza fuerte alejada de la capital, ha servido como material narrativo para el libro de Judit.

6,51 Los lanzafuegos (pyroboloi) eran máquinas para lanzar proyectiles en llamas o incandescentes.

6,55-56 La liberación llega en el último momento, como a David cercado por Saúl (1 Sm 32,27). Las rivalidades por el poder comienzan a favorecer a los judíos y les seguirán favoreciendo hasta su independencia.

6,57-59 El breve discurso de Lisias no da la verdadera razón de la retirada; apenas la insinúa aludiendo a los "asuntos del reino", que eran realmente sus intereses en el reino. Al mismo tiempo parece sugerir que los judíos hacían salidas o contraataques mortíferos o bien que rechazaban los ataques haciendo bajas; también pudo influir la época del año. La solución que propone Lisias no es vergonzosa para los sirios, pues significa volver sencillamente a la tolerancia de Antíoco III, funestamente interrumpida por Antíoco IV.

El narrador se apunta dos tantos con este discurso: con verosimilitud narrativa muestra los argumentos de Lisias frente al rey; con preocupación teológica reafirma el motivo de la rebelión.

6,60-63 Oficialmente el rey niño debía dar su aprobación. Seguro que no comprendió el significado de aquella medida: él, que lleva un título en honor de su padre, Eupátor, deshace de un golpe una pieza central de la política paterna. También se atribuye al rey la orden de derribar la muralla. El autor supone que esa muralla entraba en una de las cláusulas del tratado; por el contrario, da a entender que le sorprendió al rey. Para reconciliar ambos datos diríamos que al rey y a los consejeros la muralla les resultó más fuerte de lo imaginado. Pero también es muy posible que el autor quiera infamarlos con la acusación de perfidia.

El reinado de Antíoco Eupátor termina con un balance equilibrado en lo militar y con un progreso sustancial en lo político y religioso. La acrópolis subsiste en el corazón de Jerusalén y la independencia no está al alcance.

1 MACABEOS. CAPÍTULO V

 Hazañas de Judas fuera de Judea (2 Mac 10,15-23)

51Cuando las naciones vecinas se enteraron de que los judíos habían reconstruido el altar y restaurado el santuario como estaba antes, se irritaron muchísimo, 2determinaron destruir a los descendientes de Jacob que vivían entre ellos, y empezaron a matar y eliminar a gente del pueblo.

3Entonces Judas atacó a los descendientes de Esaú en Idumea, en Acrabatene, porque hostigaban a Israel. Les infligió una gran derrota, los sometió y los saqueó. 4Después se acordó de la maldad de los beanitas, una trampa peligrosa para el pueblo, con sus emboscadas en los caminos, y los cercó en sus castillos; 5tomó posiciones, los consagró al exterminio y quemó sus castillos con todos los que estaban dentro. 6Después marchó contra los amonitas, y se las vio con un ejército considerable y bien armado, a las órdenes de Timoteo. 7Trabó con ellos muchos combates; los destrozó, los deshizo, 8se apoderó de todo el municipio de Jézer y luego se volvió a Judá.

Doble frente

9Los pueblos de Galaad se aliaron contra los israelitas que vivían en su territorio, co intención de exterminarlos. Los israelitas huyeron a la plaza fuerte de Datema, 10y enviaon a Judas y sus hermanos este mensaje: <<Los pueblos vecinos se han aliado contra nosotros para exterminarnos, 11y se están preparando para venir a apoderarse de la plaza fuerte donde nos hemos refugiado. Timoteo es su general. 12Ven a librarnos de sus manos, porque ya han caído muchos de los nuestros, 13y todos nuestros hermanos que vivían en el país de Tob han muerto; sus mujeres, hijos y enseres han sido llevados al destierro; han muerto allí unas mil personas.>>

14Estaban leyendo la carta cuando otros mensajeros, con la ropa hecha jirones, llegaron de Galilea con esta noticia: 15<<De Tolemaida, Tiro y Sidón, y toda la Galilea de los gentiles, se han aliado contra nosotros para aniquilarnos.>>

16En cuanto lo oyeron Judas y la tropa, convocaron una asamblea extraordinaria para deliberar qué podían hacer por los hermanos en situación apurada, hostilizados por el enemigo, 17Judas dijo a su hermano Simón:

-Elige unos cuantos y vete a librar a tus hermanos de Galilea. Mi hermano Jonatán y yo iremos al país de Galaad.

18Dejó con el resto de las fuerzas, para la defensa de Judá, a José, de Zacarías, y a Azarías, oficial del ejército, 19dándoles estas instrucciones:

-Tomad el mando de estas tropas, pero no trabéis combate con los paganos hasta que volvamos nosotros.

20A Simón le asignaron tres mil hombres para ir a Galilea, y a Judas, ocho mil para la expedición contra Galaad.

21Simón partió para Galilea y trabó muchos combates con los paganos, los derrotó 22y los persiguió hasta las puertas de Tolemaida. Los paganos tuvieron unas tres mil bajas, y Judas recogió el botín. 23Luego juntó a los judíos que había en Galilea y Arbata, con sus mujeres, hijos y enseres, y los llevó a Judá, con gran regocijo.

24Por su parte, Judas Macabeo y su hermano Jonatán atravesaron el Jordán y caminaron tres jornadas por el páramo. 25Encontraron a los nabateos, que los recibieron en son de paz, y les contaron lo que había pasado a sus hermanos israelitas en Galaad, 26muchos se habían encerrado en Bosra, Béser, Alema, Casfo, Maqued y Carnín, todas las plazas fuertes e importantes. 27Otros se habían reunido en las demás ciudades de Galaad, y el enemigo había determinado atacar esas plazas fuertes al día siguiente, ocuparlas y exterminarlos a todos en un solo día.

28Judas y su ejército desandaron inmediatamente el camino hacia el paramo de Bosra. Judas tomó la ciudad, pasó a cuchillo a todos los varones, saqueó la villa y la incendió.

29Por la noche marchó de allí, y caminaron hasta la plaza fuerte. 30Al salir el sol divisaron un ejército innumerable colocando escalas y máquinas de guerra para apoderarse de la plaza fuerte; estaban dando el asalto.

31Al ver Judas que había empezado el ataque y que de la ciudad subía al cielo el fragor del alarido de guerra y el son de las cornetas, 32ordenó a sus soldados:

-¡Luchad hoy por vuestros hermanos!

33Avanzaron en tres columnas por detrás del enemigo, tocaron las cornetas y oraron gritando.

34Cuando los soldados de Timoteo se dieron cuenta de que era el Macabeo, huyeron. Judas les infligió una gran derrota: les hizo aquel día unas ocho mil bajas. 35Luego torció hacia Alema. La tomó al asalto, mató a todos los varones, la saqueó y la incendió. 36Partió de allí y conquistó Casfo, Maqued y Béser, con las demás ciudades de Galaad.

37Después de estos sucesos, Timoteo reunió otro ejército y acampó frente a Rafón, al otro lado del torrente. 38Judas envió gente a reconocer el campamento, y le informaron:

-Se les han unido todas las naciones vecinas; es un ejército numerosísimo; 39tienen mercenarios árabes como auxiliares, y están acampados al otro lado del torrente, preparados para venir a atacarte.

40Judas les salió al encuentro, y mientras él y su ejército se acercaban al torrente, Timoteo dijo a sus oficiales:

-Si lo atraviesa él primero hacia nosotros, no podremos resistirle; seguro que nos vencerá. 41Pero si no se atreve, y acampa al otro lado del río, lo pasamos nosotros hacia él, y lo venceremos.

42Cuando Judas se acercó al torrente, formó a los oficiales de leva en la ribera y les ordenó:

-No dejéis acampar a nadie. Que avancen todos.

43Luego él, el primero, atravesó el río hacia el enemigo. Toda la tropa le siguió. Derrotaron a los paganos, que arrojaron sus armas y huyeron hasta el santuario de Carnín. 44Los judíos se apoderaron de la ciudad e incendiaron el santuario con todos los que estaban dentro. Destruida Carnín, ya nadie opuso resistencia a Judas.

45Judas reunió a todos los israelitas que había en Galaad, chicos y grandes, con sus esposas, hijos y enseres -una muchedumbre inmensa-, para llevarlos a Judá. 46Llegaron a Efrón, una ciudad importante, bien fortificada, que les caía de camino (era imposible dejarla a derecha o izquierda, había que atravesarla). 47Pero los de la ciudad la cerraron y obstruyeron las puertas con piedras. 48Judas les envió esta embajada en son de paz:

-Dejadnos atravesar vuestro territorio camino de nuestra tierra; nadie os hará daño, sólo queremos pasar.

Pero se negaron a abrirle.

49Entonces Judas ordenó pregonar por el campamento que todos formaran para el combate, en el sitio donde estuvieran. 50Los guerreros formaron. Dio el asalto a la ciudad, todo aquel día y toda la noche, y la ciudad se rindió. 51Judas pasó a cuchillo a todos los varones, arrasó la villa después de saquearla y la atravesó pasando por encima de los cadáveres. 52Luego cruzaron el Jordán hasta la gran llanura, frente a Beisán. 53Judas iba reuniendo a los rezagados y animando a la gente durante toda la marcha, hasta que llegaron a Judá. 54Subieron al monte Sión, en medio de una gran alegría, y ofrecieron holocaustos por haber regresado sanos y salvos, sin ninguna baja.

55Mientras Judas y Jonatán estaban en Galaad, y su hermano Simón en Galilea, frente a Tolemaida, 56José, de Zacarías, y Azarías, oficiales del ejército, se enteraron de las hazañas militares que habían llevado a cabo, 57y se dijeron:

-Vamos a hacernos famosos también nosotros. ¡Vamos a luchar contra las naciones vecinas!

58Dieron órdenes a sus tropas y marcharon contra Yamnia. 59Pero Gorgias y sus hombres salieron de la ciudad a presentarles batalla, y José y Azarías huyeron. 60Gorgias los persiguió hasta las fronteras de Judá. Aquel día cayeron unos dos mil soldados israelitas, 61el ejército sufrió una gran derrota por no haber obedecido a Judas y sus hermanos, esperando hacer una gran hazaña; 62no eran de la raza de los hombres destinados a salvar a Israel.

63El valeroso Judas y sus hermanos se hicieron muy célebres en todo Israel y por todos los países donde se oía hablar de ellos. 64La gente se arremolinaba en torno a ellos, vitoreándolos.

65Judas y sus hermanos salieron a luchar contra los descendientes de Esaú, en el sur. Conquistó el municipio de Hebrón, derribó sus plazas fuertes e incendió los torreones de la muralla. 66Luego emprendió la marcha al país filisteo y atravesó Maresá. 67Aquel día cayeron en el combate unos sacerdotes que, queriendo hacer una hazaña, salieron a luchar imprudentemente.

68Luego Judas torció hacia Asdod, en tierra filistea; derribó sus altares, quemó las imágenes de sus dioses, saqueó las ciudades y se volvió a Judá.

Explicación.

5 En el esquema tradicional de Israel existen dos tipos de enemigos: el gran Imperio agresor, Egipto o Asiria o Babilonia, y los medianos o pequeños reinos vecinos, Edom, Moab, Amón, etc. El mismo esquema configura la primera parte de este libro: el enemigo grande es Siria, o sea, el reino seléucida, en torno al cual se mueven los reinos vecinos vasallos (el esquema se repite en la ficción del libro de Judit).

En esos reinos menores habitaban poblaciones judías, medianamente fundidas con poblaciones locales, conscientes de pertenecer al pueblo judío. Es de suponer que, mientras estaba en vigor el edicto de tolerancia de Antíoco III, estos grupos cultivarían sus costumbres religiosas; los judíos podían acudir en peregrinación al templo de Jerusalén. Cuando Judas empieza a ser temido y respetado, se despierta en ellos una nueva conciencia de familia que provoca el recelo de los pueblos donde habitan. Estos pueblos podían temer las represalias de la corte siria y también el creciente poderío de los judíos. El hecho es que las victorias macabeas desatan una serie de persecuciones locales, amenazando, por un lado, la estabilidad de lo ya conquistado, y provocando, por otro, nuevas intervenciones parciales del Macabeo. Nace así un frente múltiple y desmenuzado, que es a la vez una carga para un ejército reducido y una posibilidad estratégica. Porque, espaciando los ataques locales, moviéndose con rapidez, Judas puede ir consolidando y dilatando su poderío.

Esto es lo que nos ofrece el autor en el presente capítulo. Es una composición temática más que cronológica.

La ley de la guerra, según Dt 20, distingue entre ciudades próximas y lejanas: a las primeras se aplica la ley del exterminio total; a las segundas, la ley del exterminio de los varones, en caso de resistencia. Judas trata a las ciudades conquistadas como pertenecientes a la segunda categoría: extermina los varones que han resistido al ataque de liberación y son responsables de tratos injustos contra la población judía. Si las rápidas victorias exaltan la valentía y el talento militar de Judas, la represalia cruel siembra el terror, contrarrestando el temor que infunde el monarca sirio. En otros términos: si Antíoco es duro y Judas fuese blando, la balanza del terror se inclinaría a favor del Seléucida, con perjuicio del judío. Esto, aparte del carácter justiciero de las operaciones.

El autor quiere dejar bien claro este carácter justiciero, asemejando algunos de estos pueblos al Faraón, que se negaba a soltar a los esclavos israelitas.

5,1-2 El pecado de esas poblaciones es un odio religioso al templo y al pueblo judío. El autor esquematiza, desde luego. En lo que dice de verdadero puede referirse a guarniciones al servicio de los Seléucidas y también a colaboracionistas diseminados por dichos países; el fenómeno judío de la adaptación cultural y aun religiosa no era exclusivo de Jerusalén.

5,2 2 Sm 8.

5,3 Los idumeos se encuentran en la zona sudoeste del Mar Muerto (véase nota a 5,27). Viejos rivales de los judíos durante la monarquía; según la tradición, la rivalidad se remonta a su antecesor Esaú, hermano de Jacob (véase como ejemplo típico la profecía de Abdías).

5,4-5 Es dudosa la identificación de estos beanitas, salteadores de caravanas en las rutas cercanas al Mar Muerto.

5,6-8 Este Timoteo sería el gobernador militar de la región. Sobre la campaña que sigue puede verse otra versión en 2 Mac 12. El territorio ocupado en la región de los amonitas constituía una buena cabeza de puente al este del Jordán. Una vez consolidada, pudo volver a Judá a reorganizar sus fuerzas y a examinar la situación, siempre difícil.

5,9-23 El autor subraya la simultaneidad de los sucesos. Aunque sea recurso narrativo para dramatizar la situación, explica bien la posición todavía precaria de los Macabeos. Judas se ve forzado a dos expediciones separadas por el Jordán y urgentes, ya que está en juego la supervivencia de sus paisanos. De momento, la zona menos amenazada es Judea: se la encomienda a mandos subordinados, con órdenes tajantes de defenderse sin atacar. A su hermano le encomienda la expedición menos difícil, en Galilea. Parece ser que esta expedición se redujo a unas cuantas escaramuzas o golpes bien administrados, que culminaron en la repatriación jubilosa de los judíos. Judas se encarga personalmente de la expedición más comprometida: su dificultad proviene de la situación alejada, en la Transjordania septentrional, de la dispersión en varias ciudades de la mejor organización del enemigo. Esto da ocasión de intervenir a los otros hermanos Macabeos, los futuros sucesores, Jonatán y Simón.

5,24-54 La expedición en Transjordania está contada con más detalle. En conjunto se trata de la antigua región de Basán, el reino de Og de triste memoria. Al estallar la persecución, los judíos se agruparon y refugiaron en fortalezas. Algunas ciudades antiguas estaban enteramente fortificados, otras no; en ambos casos, podía haber una ciudadela o alcázar como último reducto de resistencia. Puede ser que alguna de las fortalezas citadas estuviera temporalmente abandonada: tal parece ser el caso de Datema, sitiada en regla por los enemigos. En las demás ciudades los judíos se harían fuertes en un barrio o incluso en el alcázar; recuérdense, por ejemplo, Tebes junto a Siquén (Jue 9,50) y Rabat Amón (2 Sm 12,28). Eso explicaría que en un caso Judas atacara a los sitiadores y en otros atacara a la misma ciudad. 

El autor cita siete nombres, dando especial relieve al segundo y al último, dejando el primero como entrenamiento o tanteo de fuerzas. 

5,25-27 Los nabateos eran entonces caravaneros, profesión comercial muy rentable, aunque expuesta a asaltos de salteadores. Más tarde llegaron a crear un reino próspero y dilatado. También resultaban buenos informadores.

5,29-34 Después de una larga marcha nocturna (50 km, si las identificaciones propuestas son exactas) por terreno relativamente llano, tienen que atacar sin permitirse descanso, porque el enemigo está ya dispuesto al asalto. La arenga brevísima parece subrayar la urgencia: no pueden pensar en sí mismos cuando sus hermanos arrostran el peligro extremo. La marcha, el ataque matutino, la liberación recuerdan la primera campaña de Saúl, también en Transjordania, para socorrer a los de Yabés, amenazados por los amonitas.

5,37-44 La última fortaleza añade el obstáculo de un río vadeable. El curso de agua favorece a Timoteo, que no necesitaba atacar de momento. Toma el agua como señal militar y como prueba de los judíos. Y la fortuna ayuda a los audaces. Como en otras ocasiones históricas, el cruzar el torrente significa la osadía que decide la victoria. Recuérdese también el signo propuesto por Jonatán a su escudero en 2 Sm 14. Esa prueba de valentía de un ejército ya aureolado con la fama de valiente es lo que desmoraliza a los de Timoteo.

5,45 Así comienza la marcha de la gran repatriación. Judas va a cumplir las repetidas profecías que predicen la reunión de los judíos en Jerusalén (por ejemplo, Is 60; 27,12-13; Sof 3,20). La vuelta tiene algo de un nuevo éxodo, al estilo del de Babilonia, cantado por Isaías II.

5,46-48 El último obstáculo es como el de Edom y Moab, cuando los israelitas se acercan a la tierra prometida (Nm 21). Se tarta de una población civil, por eso Judas pidió paso pacífico. La negativa justifica la cruel represalia.

5,51 Dt 20.

5,53 Sof 3,20; Ez 36,34; Is 35,10.

5,54 El final de la marcha tiene algo de procesión sacra: los dispersos vuelven a la capital y al templo. El templo purificado y consagrado ha cumplido otra vez su misión centrípeta de atraer a los dispersos. Judas ha cumplido la misión de "reunir en diversos lugares" de Ez 36,34; 37,21; 39,27-28. Se podría citar Is 35,10: "Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua".

5,57-62 Yamnia es una ciudad próxima a la costa y bien defendida; se encuentra en terreno militar de los sirios, no es una "nación vecina" más. Era temeridad atacarla con tropas reducidas y era desobediencia a las órdenes del Macabeo. Esta elemental falta de sentido estratégico la interpreta el autor en términos solemnes, no exentos quizá de tono polémico: hay una familia de enviados por Dios, son todos los Macabeos; fuera de ellos nadie puede arrogarse tal misión. Los Macabeos-Asmoneos entran en la cadena de los grandes liberadores, concretamente de los jueces carismáticos suscitados por Dios para salvar a Israel.

5,65-68 Dos campañas, al sur y sudoeste, redondean la serie de victorias sobre pueblos vecinos. Hebrón custodiaba el recuerdo de Abrahán y de la coronación de David. Asdod era la vieja ciudad del dios Dagón, derribado por el arca de la alianza ( Sm 5); mencionando altares e ídolos, el autor nos invita al recuerdo. Se cumple lo enunciado en is 11,14.

1 MACABEOS. ÍNDICE.

  1 MACABEOS. INTRODUCCIÓN. 1 MACABEOS. CRONOLOGÍA. 1 MACABEOS. CAPÍTULO I 1 MACABEOS. CAPÍTULO II 1 MACABEOS. CAPÍTULO III 1 MACABEOS. CAPÍ...